Edición No. 438, 13 de enero de 2018

Tags

, , ,

Cambio pacífico y honorable

Como señalo en el prólogo de la segunda edición de “Pedro Joaquín ¡juega!”, ahora en 2018, lamentablemente, no suscribimos el optimismo con el cual presentamos la primera edición, en enero de 1998. Era justo un año después que había terminado el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, y entonces, en la Introducción escribimos:

“Si las generaciones actuales no toman apropiadas lecciones de esa recurrencia bárbara, y cortan con ella de un tajo asegurando que la construcción democrática que vive Nicaragua no se revierta, entraremos al siglo XXI prisioneros de los fantasmas y horrores de nuestro nada envidiable pasado”.

Con “recurrencia bárbara” me refería, en la misma Introducción, a que “los nicaragüenses, que hemos sido una de las sociedades latinoamericanas más profunda y radicalmente desgarradas por nuestras pasiones y odios políticos, y por nuestras rivalidades personales, familiares y regionales, que nos han conducido a los mayores excesos de guerras civiles e intervenciones foráneas   -siempre, invitadas por, o al menos con la complicidad de nosotros mismos-,  hemos tendido a ver nuestra historia con el prisma de nuestra radical intolerancia…”.

Dolorosamente, hemos entrado al siglo XXI prisioneros de los fantasmas y horrores de nuestro nada envidiable pasado. La deriva autoritaria que desde hace una década enfrentamos, interrumpió esa construcción democrática que ilusionaba, y a la que tanto contribuyeron dos grandes ausencias de esta noche: Violeta, cuya situación de salud no permite que nos acompañe, y Antonio Lacayo, de inesperado y trágico fallecimiento.

Pedro Joaquín, que nunca dejó de combatir a la dictadura de Somoza, quería sin embargo un cambio pacífico de la misma. En uno de sus editoriales, de 1966, reproducido en La Prensa la semana pasada, señalaba: “Que haya un cambio. Un cambio pacífico y honorable, pero verdadero y profundo”.

Ante la situación actual, todos compartimos ese deseo: que haya un cambio pacífico y honorable, pero verdadero y profundo.

La intransigencia de Somoza, y la Guardia Nacional que se había convertido en ejército pretoriano, impidieron que se cumpliera el deseo de Pedro Joaquín. Doce años después, Somoza fue derrocado por una revolución que derivó en guerra civil, y Nicaragua emergió de la misma desangrada y destruida.

Al momento del derrocamiento de Somoza, nuestro ingreso por habitante era un poco superior a la mitad de Costa Rica. Ahora apenas llega a la quinta parte. Lo mismo había ocurrido al final del régimen autoritario de Zelaya. A inicios del siglo XX, Nicaragua era una de las economías más prósperas de Centroamérica, y también retrocedimos significativamente, en la vorágine de intervenciones extranjeras y guerras civiles.

De esas dos experiencias de crecimiento económico con regímenes autoritarios, y su final catastrófico, podemos extraer tres lecciones: primera, los dos regímenes intentaron prolongarse, indefinidamente, de manera personal y antidemocrática; segunda, ambos terminaron con diferentes variantes de intervención extranjera; y tercera lección, largos períodos de crecimiento autoritario siempre concluyen, por la sabiduría evangélica que no solo de pan viven las personas.

Hace tres meses publiqué una muy breve recopilación de tres artículos, que había comentado en Radio Corporación y publicado en La Prensa”, bajo el título “Nicaragua, ¿es inevitable otra transición catastrófica?”

En esos artículos abogo, como todos los nicaragüenses lo hacemos, sandinistas, no sandinistas y sin filiación política, por evitar que después de casi un cuarto de siglo de crecimiento económico, al cual abrió puertas la reconciliación nacional del gobierno de Violeta Chamorro, evitemos otra transición catastrófica del actual régimen autoritario.

Fervientemente, creo que podemos evitar otra transición catastrófica. La configuración de la coyuntura internacional inmediata, con el fin de la ayuda venezolana, la aplicación de sanciones, volatilidad del sector externo, y la sensibilidad de nuestro crecimiento ante esa coyuntura, y además la diversificación de voces nacionales y regionales con mucha incidencia, me hacen pensar que es posible evitar otro desenlace catastrófico.

A caballo entre la coyuntura internacional y nacional, se ha iniciado el diálogo del gobierno con la Secretaría General de la OEA, que despierta suspicacias, pero también razonable optimismo. Ojalá ese diálogo conduzca a reformas políticas serias, que recuperen para Nicaragua el camino desandado en la última década, y “el cambio pacífico y honorable” que Pedro Joaquín soñó hace medio siglo, pueda ahora ser realidad.

 

 

Advertisements

Edición No. 437, 6 de enero de 2018

Tags

, , , , ,

Pedro Joaquín ¡Juega!

El próximo martes, 9 de enero, a las 6 p.m, se presentará en el auditorio de la librería Hispamer, la segunda edición del libro “Pedro Joaquín ¡Juega!”. Esta segunda edición se realiza como parte de las actividades conmemorativas del cuarenta aniversario del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

En el primer capítulo del libro se explica de dónde tomé el título del libro: “¡Juega! era la interjección típica con la que solía sellar su acuerdo o asentimiento con algo. Expresión, a su vez, de uno de los rasgos más destacados de su personalidad: un carácter resuelto, decidido, de pocos pero bien articulados argumentos, que se reflejaría de manera relevante en su oficio periodístico. Pocos periodistas han sido capaces de escribir editoriales tan breves y, a la vez, tan globales y penetrantes”.

Por la razón anterior, en otra de las actividades conmemorativas del magnicidio, La Prensa ha iniciado esta semana y hasta el 10 de enero, en que el Arzobispo y Obispo Auxiliar de Managua, Monseñor Brenes y Monseñor Báez celebrarán una misa en la catedral de Managua, la publicación de algunos de sus editoriales. Esta publicación no solamente es conmemorativa, sino que frente a la situación actual el pensamiento democrático, justiciero, libertario de Pedro Joaquín, está vivo.

Ayer tan solo el editorial de este periódico analizaba y vinculaba el caso de Amada Pineda, campesina agredida y violada por la guardia nacional en 1974, con el de la también campesina Elea Valle, cuyos hijos menores fueron masacrados y sigue sin recibir ninguna explicación, ni los cuerpos. Amada Pineda se atrevió a denunciar los ultrajes, y Pedro Joaquín fue enjuiciado como “coautor” del delito de injurias y calumnias por haber hecho pública la denuncia.

Entonces Pedro Joaquín escribió: “Me siento honradísimo de haber sido demandado junto a esta mujer, cuyo padecimiento solo puede igualarse al de nuestra patria común, mil veces mancillada”.

Y el propio 22 de enero de 1967, fecha de una masacre en las calles de Managua, Pedro había escrito un editorial titulado “La Paz Nace de la Justicia” en el cual reflexionaba que si “el Ejército es garante de la paz, y de acuerdo con la concepción humanista, cristiana de nuestra época, la paz es consecuencia de la justicia…”, esa función de mantenedores de la paz “no requiere el uso indiscriminado e irreflexivo de la violencia, aplicada en mayores o menores dosis, sino también un examen profundo de la justicia, que entraña el reclamo popular de estos días…”

Y la vigencia del pensamiento de Pedro Joaquín, subrayado frente a la situación actual, queda también recogido en el editorial recientemente reproducido por La Prensa en que señala: “La primera de todas las revoluciones en Nicaragua, sigue siendo la revolución de la honradez, y esa no pueden hacerla los que han gobernado durante tantos años subvirtiendo nuestros valores morales”.

El título del libro lo tomé de la última conversación que sostuve con Pedro, pocos minutos antes de su asesinato. Cuando lo presenté en su primera edición, en 1998, vivíamos un proceso de construcción democrática que a todos nos ilusionaba. Lamentablemente, después de una década de autoritarismo y total subversión de esa esperanza democrática, ya no se trata del título de un libro, sino que el propio pensamiento de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, ¡Juega!

 

Edición No. 436, 16 de diciembre de 2017

Tags

, , , , , , , ,

¿Adónde fue la cooperación venezolana?

Según las cifras oficiales, tanto del gobierno a través del Banco Central, y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES), cuya solvencia profesional  nadie discute, la economía nicaragüense ha logrado absorber, sin mayor trauma macroeconómico, la interrupción casi abrupta de la cooperación venezolana, e incluso el cierre de ese país como el segundo mercado de las exportaciones de Nicaragua, que en algún momento llegó a ser. Este año, la economía crecerá como lo había venido haciendo en los últimos años.

En una primera lectura, lo que aparece es la capacidad que ha tenido la economía y la gestión económica del gobierno de Ortega para aguantar semejante choque sin mayores traumas inmediatos.

Lo anterior, en una primera lectura.

Porque en una segunda lectura lo que resulta evidente es que el gobierno de Ortega ha desaprovechado casi TOTALMENTE, y lo escribimos con mayúsculas, una década de flujos de cooperación venezolana que han superado a la totalidad del financiamiento que el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), para apuntalar el crecimiento del país. De lo contrario, si esos flujos de cooperación hubiesen apoyado el crecimiento económico del país, su interrupción tan abrupta hubiese afectado negativamente el crecimiento del país, lo que no ha ocurrido.

Entonces, la gran pregunta es: ¿Adónde han ido semejantes flujos de cooperación, si su interrupción no ha cambiado hasta ahora el funcionamiento de la economía?

Una primera respuesta es a inversiones, pero no se refleja así en las muy modestas cifras de crecimiento de la inversión fija que revelan las estadísticas del Banco Central. Que se conozca, excepto en energía y de una cifra que no explica en absoluto los enormes montos de la cooperación venezolana, no han sido las inversiones el destino. Y, además, las inversiones en energía aparecen bajo una figura que no ayuda a entender si son o no privadas (y si son privadas, ¿de quién?, y si no son privadas ¿por qué no se hacen públicos sus estados finacieros?), y en todo caso ayudan a entender, abonando a la idea que son privadas, el costo tan alto que los nicaragüenses pagamos de la tarifa eléctrica.

Una segunda respuesta es que llegaron a programas sociales asistenciales. Es decir, no se ocuparon productivamente, para generar empleos, y capacitar a la población para tener más y mejores empleos, sino para humillar a los pobres obligados a extender la mano para recibir como favor, lo que les corresponde como derecho.

Y una tercera respuesta es a la apropiación privada, de personas del círculo gobernante, de buena parte de esa multimillonaria cooperación venezolana (¡al cierre del año 2016, casi 5,000 millones de dólares!). Como la empresa Alba de Nicaragua, Sociedad Anónima (Albanisa), es en un 51% propiedad de Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima (PDVSA), en algún momento las actuales investigaciones de corrupción en PDVSA por el gobierno de Maduro en Venezuela y otras instancias internacionales, como está ocurriendo con la Banca Privada de Andorra (BPA), llegarán a Albanisa.

No está en discusión que el gobierno de Ortega ha tenido una buena gestión macroeconómica, y que su equipo de profesionales a cargo del Banco Central y del Ministerio de Finanzas tienen reconocimiento profesional, pero eso no responde a la siguiente pregunta: ¿qué hicieron con tanta cooperación venezolana, para apuntalar el crecimiento futuro de la economía? Y habiendo heredado un gobierno con deuda externa mínima, sin déficit fiscal y con una década dorada en precios de exportación, ¿por qué la economía no pudo crecer más de lo que ya crecía? Y lo hacíamos en democracia. Vaya entonces el recordatorio al gobierno, organismos internacionales, empresarios y consumidores, porque no todo es del color que algunos lo pintan.

Edición No. 435, 9 de diciembre de 2017

Tags

, , , ,

La revolución pendiente

“Parece mentira  -escribió Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, en su editorial del 20 agosto de 1966-,  pero quien implantara en Nicaragua  la honestidad administrativa con todo el rigor que esta expresión tiene, haría en nuestro país la más elemental y necesaria, de todas las revoluciones”.

Es totalmente lamentable que después de una insurrección, revolución armada, guerra civil, inicio entusiasta de una construcción democrática, estemos en una situación en que el 100% de los empresarios  -¡el cien por ciento!-  dicen que el principal obstáculo para un clima inversionista adecuado, es la corrupción.

El dato lo tomamos del tercer informe sobre coyuntura económica, correspondiente al trimestre julio-septiembre de 2017, de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES), presentado la semana pasada. Esos informes, desde hace mucho tiempo, tienen una sección de encuestas del consumidor y del empresario, para medir sus percepciones sobre la situación económica y los factores que inciden en la misma.

El caso de la corrupción, en cuanto a los factores de incidencia negativa. En cuanto a los positivos, continúa el informe, “de acuerdo con los empresarios encuestados, los factores de mayor incidencia positiva son la demanda de productos fuera y dentro de C.A y en el país, así como una buena gestión en la seguridad ciudadana y la política económica por parte de las autoridades competentes”.

Cuando Pedro Joaquín Chamorro escribió su editorial, hace medio siglo, en plena dictadura somocista, existían los mismos factores positivos, con una importante diferencia: la economía crecía mucho más vigorosamente.

También los empresarios identifican como otro factor negativo, con el mismo 100% de los encuestados, el precio de la energía que, como sabemos, es inseparable, en ausencia de una explicación técnica razonable, del mismo fenómeno de la corrupción.

Y pisando los talones a esos dos factores de incidencia negativa, los empresarios identifican un tercer factor, con casi el 90% de las respuestas: el entorno político.

Es difícil saber, pero llegará el momento si las cosas no cambian, en que la economía que ha venido creciendo durante casi un cuarto de siglo, se verá afectada por la incidencia de esos factores negativos. Por lo pronto, se alzan amenazantes algunas consecuencias internacionales del deterioro democrático y la corrupción, como son la Nica Act y la ley Magnitsky.

La impunidad en cuanto a la corrupción se ve estimulada por el control casi absoluto que Ortega tiene de los medios de comunicación. No existe una censura formal, como la que el último Somoza estableció después de una espectacular acción armada del Frente Sandinista en diciembre de 1974, pero entre el control directo de Ortega y el indirecto, incluyendo el autocontrol de otros medios por temor a represalias, el caso es relativamente semejante.

Comento lo anterior, con ánimo comparativo, porque durante esa censura de Somoza se dio el caso de lo que La Prensa calificó “danza de la corrupción”, y llegó un momento en que era difícil saber si la censura se mantenía por razones de seguridad, que siempre son políticas, o por razón de encubrir la corrupción, que también es política.

Con motivo del cuadragésimo aniversario del asesinato de Pedro Joaquín, que se cumple el próximo enero, se están preparando para 2018 diversas actividades conmemorativas. Entre ellas, y como lo anticipé en un artículo anterior, se reeditará el libro biográfico, “Pedro Joaquín ¡Juega!”, que escribí hace veinte años. Revisándolo, encontré el siguiente párrafo sobre corrupción y censura:

“Como la censura servía para aumentar la impunidad de Somoza y su camarilla, las contradicciones con los diferentes sectores sociales, empresariales en particular, se acentuaron”. Y uno de los principales allegados y primo de Somoza, entrevistado para el libro, me dijo: “Pocas cosas le hicieron más daño a Tacho (Somoza) que la censura, y él nunca lo quiso entender”.

Es triste, tristísimo, pero después de tanto sufrimiento de los nicaragüenses, aún aguarda “La primera de todas las revoluciones”, como Pedro Joaquín tituló su editorial.