Edición No. 478, 15 de diciembre de 2018

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Más unidad, más resistencia

Dos lecciones de la embestida dictatorial de la última semana: unidad de las fuerzas que nos oponemos a la dictadura, y resistencia pacífica para oponernos a la misma.

Para concluir en esas lecciones, debemos entender las características de la embestida:

Primero, al continuar secuestrando, apresando y exiliando, y condenando a los presos enjuiciados, como las hermanas Muñoz de Niquinohomo, a penas que no cumplirán pues serán liberadas antes, enseña el rostro sangriento de la misma.

Segundo, intentar en vano dividir al sector empresarial, o confrontar al sector empresarial con los verdaderos sectores de la oposición política, promoviendo campañas negativas contra empresas  y tratando de imponer falsas dicotomías: católicos o evangélicos; buenos o malos religiosos; izquierda o derecha; orden o caos; paz o guerra, cuando en Nicaragua la única confrontación que existe es entre democracia o dictadura, Estado de Derecho o represión, respeto o violación de los derechos humanos, resistencia pacífica o uso de la fuerza, crecimiento o crisis.

Tercero, despojar de personerías jurídicas a organizaciones no gubernamentales y allanar sus locales llevándose archivos, muebles y vehículos, en el intento inútil de comprobar una conspiración que solamente existe en una mentalidad dictatorial, dinástica y además totalitaria, y tratar de imponer otra falsa dicotomía: subordinación a la fuerza, o consenso.

En el contexto del uso de la fuerza por el gobierno y de las falsas dicotomías que intenta imponer, cobra más intensidad la unidad de todos los sectores que desde diversos ángulos nos oponemos a Ortega, ya que la uniformidad es parte del totalitarismo dictatorial, y la necesidad de insistir en medios pacíficos para canalizar esa oposición.

Ante la represión de esta semana, adquiere mayor relieve las reacciones de los sectores afectados por el intento de imponer la dictadura dinástica y totalitaria: los sectores empresariales reiterando el llamamiento al diálogo que conduzca a elecciones anticipadas y democráticas, como lo hizo poco antes la jerarquía católica en su mensaje de Adviento, y las ONG al reclamar que matando al mensajero, no se mata al mensaje.

A más represión, como la hemos visto esta semana, más aislamiento internacional, más dificultad que Ortega encuentre aliados dentro y fuera de Nicaragua, más crisis económica con sus consecuencias en empresas, instituciones y población, y más cerca el fin de la dictadura.

 

 

 

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Edición No. 477, 8 de diciembre de 2018

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¡Vamos ganando!

Para algunos, y no pocos, resultará difícil asimilar el titular de este comentario – ¡Vamos ganando! –  en circunstancias que, como dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), “no hay un día que no reciba una denuncia sobre violaciones a los derechos humanos”, y en Nicaragua se “ha instalado un régimen de terror y la supresión de todas las libertades”.

Permítanme entonces, en una apretada síntesis, dar algunas razones que sustentan la afirmación que vamos ganando contra Ortega.

Primero, cada día que pasa con más y más violaciones a los derechos humanos, más profundiza su aislamiento internacional. Entre más reprima, más se aísla.

Segundo, acumula más y más resentimientos, y más repudio en todos los sectores de la población nicaragüense. Hoy Ortega está más alejado que en abril, cuando estalló la crisis, de cualquier posibilidad de las alianzas nacionales e internacionales que le permitieron estabilidad y crecimiento económico autoritario.  Y escucharemos más y más voces al respecto.

Tercero, y aunque intenta mantener políticas económicas ortodoxas, la represión política y física aleja cada vez más toda posibilidad de normalidad económica, y el simple mantenimiento de la dinámica económica actual conducirá a una mayor debacle. Y lo que es más importante, se ha generalizado la convicción que con Ortega es inimaginable la gobernabilidad económica, y ya no digamos la política.

Cuarto, por discutible que sea el papel del Ejército, y no así la Policía cuya complicidad activa en la represión nadie la discute, permanece en sus cuarteles, sin arriesgar un escalamiento del conflicto.

Finalmente, a Ortega se le agotó la vieja estrategia de alzar la parada y después, en la negociación, nunca volver al punto de partida: en Nicaragua y en la comunidad internacional, todos los sectores, “aún los quemados con leche”, no aceptarán otra opción que no sea la democratización total.

En esta suerte de balance, desde abril Ortega ha recuperado control territorial en base al terror. Pero que ya no existan protestas masivas, no significa que las causas de las mismas hayan desaparecido. Por el contrario, han aumentado. También Ortega ha logrado aglutinar y fanatizar a su menguada base política para quienes “es lo que diga el comandante”. Y enfrente tiene una dispersión de opiniones y pareceres, y diferencias en cuanto a los procedimientos a seguir, pero no en cuanto al objetivo: democratización.

Esta diferencia de criterios es anticipo de la Nicaragua que queremos, dónde haya tolerancia frente a la discrepancia que es, en definitiva, la esencia de la democracia. Alguna vez escuché “que la democracia es una sinfonía de voces discordantes”, y eso es lo que todos queremos pues para Nicaragua se agotó, y felizmente, el monolitismo de lo que diga el comandante.

 

 

El Pulso de la Semana con Mundo Jarquín. Edición No. 476, 1 de diciembre de 2018

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Sanciones y Resistencia Interna

Los discursos de la UNIDAD NACIONAL AZUL Y BLANCO (UNAB), y del gobierno de Ortega a través del comunicado que emitió, sobre las sanciones adoptadas por los Estados Unidos son, aunque resulte paradójico, vinculadas.

La UNAB categóricamente señala son responsabilidad del régimen de Ortega por abiertamente violar compromisos internacionales en materia de derechos humanos, democracia y en otros campos. Ortega al señalar que esas sanciones son injerencismo.

Independientemente que no llamó injerencismo a los múltiples reconocimientos que recibió de las mismas fuentes, antes que su régimen derivara del autoritarismo a la dictadura que es hoy y los asesinatos eran aislados (¿recuerdan El Carrizo, en Madriz, cuando la violencia de las elecciones de 2011, cuyos “resultados” era imposible establecer según la observación internacional?), antes de la matanza generalizada que se inició en abril, tampoco llamó injerencismo a las intervenciones de apoyo que ha recibido de Venezuela y muy pocos otros países, es el caso que Nicaragua una y otra vez ha incorporado explícitamente en la legislación nacional compromisos internacionales en democracia y derechos humanos. La resistencia interna a Ortega es por razones nacionales.

Hace tres días estuve en Chile en una conferencia internacional para evaluar la situación de la democracia en América Latina. Los venezolanos dijeron que aprendiéramos la lección que no bastaban sanciones externas, y les dije que las sanciones llegaban por la resistencia interna, que la dictadura de Ortega había acumulado agravios en contra de todos los sectores, y que todos esos agravios terminaron articulándose con la demanda democrática, de la cual éramos portadores, hasta antes de la insurrección de abril, solamente un puñado de políticos.

Y terminé diciendo, como en efecto es, que la UNAB nos cobija a todos, como su bandera azul y blanco.

El Pulso de la Semana con Mundo Jarquín. Edición No. 475, 24 de noviembre de 2018

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ORTODOXIA Y REPRESIÓN

Hasta ahora, el régimen de Ortega ha venido enfrentando el progresivo deterioro de la situación económica con medidas de política económica ortodoxas, como haría cualquier gobierno frente a un choque de naturaleza extraeconómica. Así, frente a la previsión de una inevitable caída en los ingresos tributarios por disminución de la actividad económica, ha recortado el gasto público, para evitar el incremento del déficit fiscal. También aceptó una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), en obvia señal que se propone continuar manejando la política económica de manera ajustada a ese organismo, es decir, de conformidad con el enfoque de conducción de una economía de mercado que depende en su funcionamiento del sector privado.

Pero en el plano político continúa la represión y el terror, con lo cual aleja al sector privado, las inversiones, el turismo, y continúa el deterioro de la situación económica, mientras acumula más heridas, resentimientos y repudio del pueblo nicaragüense en su conjunto.

La inercia de la situación actual, el solo mantenimiento de las condiciones sin que medie un factor de agravación, conduce a un desastre económico, con el consecuente costo social y político. Cualquier economista sabe que la sostenibilidad del tipo de cambio y de la contención de la inflación estarían en entredicho dentro de pocos meses. ¡Y qué tal si entran en vigencia sanciones adicionales, como se está discutiendo en el Congreso de los Estados Unidos!

Los factores que permitieron a Ortega durante más de diez años estabilidad y crecimiento económico autoritario, ya no existen, y no puede reconstruirlos aunque quisiera, después de tantos muertos, heridos, presos políticos y exiliados. Tampoco es una opción intentar prolongar indefinidamente la contradicción, propiciando un desastre económico de inflación, devaluación y más depresión económica, al estilo Venezuela, pues un gobierno totalmente fuera de la ley y vinculado al narcotráfico como el venezolano, en el corazón geográfico de Centroamérica, desataría fuerzas internas y regionales que conducirían, por razones que analizamos en el comentario de la semana pasada, a un escalamiento regional del conflicto nicaragüense.

El gobierno no puede resolver la contradicción entre represión política y manejo económico ortodoxo indefinidamente, ignorando el clamor nacional e internacional para que se restablezca el diálogo nacional, que conduzca a una solución de la crisis política en sus causas más profundas: el proceso de construcción democrática que Ortega interrumpió y revirtió para construir una dictadura familiar.

 

La Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), que nos cobija a todos los nicaragüenses, a la vez que define una agenda para el diálogo, debe insistir en la lucha pacífica pues sería la primera vez, en nuestra historia, que salimos de una dictadura sin lucha armada, para que nunca más tengamos caudillos.