El Pulso de la Semana, con Mundo Jarquín. Edición No. 457, 7 de julio de 2018

Tags

, , , , ,

Ortega lucha por lo imposible

Una buena forma de valorar la correlación de fuerzas en cualquier conflicto o negociación, es preguntarse no solamente por las que actualmente se tiene, sino por las que cada parte tendrá en el futuro. Las expectativas, en ese sentido, pasan a formar parte de la correlación de fuerzas verdadera.

La Conferencia Episcopal (CEN) ha convocado a las Comisiones del Diálogo Nacional para el lunes. Quienes ahí se sienten habrán de considerar no solamente cuántos tranques existen hoy y cuántos existían antes, que además son móvil; cuánto control territorial tengo hoy y cuánto tenía, que también varía; cuánta gente marcha hoy y cuánta marchaba antes, ya que es en más ciudades.

En esa valoración de fuerzas, las Comisiones deberán considerar los hechos desde la última vez que se reunieron. Los mismos hacen imposible la idea que con Ortega se recuperará “paz y estabilidad”, como corean desde el gobierno.

El único camino que Ortega tiene de recuperar control territorial es la represión armada, y mientras sube la cifra de muertos, heridos y perseguidos, más sube el resentimiento de la población y las condenas de la comunidad internacional, y más tranques y ciudades se suman a protestar.

Independientemente de valoraciones que se hacen a partir de viejas y nuevas polarizaciones políticas e ideológicas, la carta abierta del fundador y ex Jefe del Ejército Nacional, Humberto Ortega, apunta apropiadamente a los ejes principales del conflicto: desarmar a las fuerzas paramilitares de Ortega-Murillo, y anticipar las elecciones para 2019. Es decir, parar la represión y dar una solución democrática y constitucional a la crisis, como ha planteado la CEN y respalda la Alianza Cívica, que ha manifestado disposición al levantamiento de tranques si se detiene la represión.

La aplicación de la ley Magnitsky a tres altos funcionarios del gobierno, directamente implicados en violaciones a derechos humanos y actos de corrupción, tiene entre otras consecuencias que han sido destacadas, terminar con la idea, en cierta forma paralizante de la movilización social, que Ortega habría negociado su salida con los Estados Unidos.

La declaración del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos, en base a evidencia que recibió de sus delegados, apunta en una dirección significativa en términos de la comunidad internacional, crecientemente opuesta a la matanza de Ortega. Recuérdese que Naciones Unidas tiene la capacidad coercitiva de usar la fuerza para detener la matanza, si acaso el Ejército no desarma a la ilegal e irregular fuerza de paramilitares.

Mientras la comunidad internacional crecientemente rechaza la represión, la persecución interna a la Iglesia, bancos y empresarios demuestra, una vez más, que Ortega no entiende de apelaciones y razones, sino solamente de presiones.

Ortega, sencillamente, busca lo imposible con su gobierno: paz y estabilidad.

(Se autoriza y agradece su reproducción y circulación)

Sígame en twitter: @mundoj1

 

 

El Pulso de la Semana, con Mundo Jarquín. Edición No. 456, 30 de junio de 2018

Tags

, , , , , ,

El punto sobre las íes

La Presidenta de la Cámara de Turismo (CANATUR), Lucy Valenti, ha dicho lo que clama la calle: “La solución es que la crisis se termine ya, que el presidente (Ortega) renuncie”.

Todos los actores nacionales comparten la solución, lo digan o no, incluso mandos de la policía y ejército. Pero Valenti es la primera presidenta de una de las cámaras del sector privado en decirlo.

La irreversible transición que se inició es indignante en términos humanos, pero económicamente no hay todavía tanta destrucción de activos. Las pérdidas son enormes, como se ha publicado esta semana, pero aún la capacidad de recuperación de la economía es muy grande.

La reflexión anterior llama la atención sobre la urgencia que el gobierno familiar de Ortega termine, y entre más pronto mejor, porque no hay duda que la crisis es totalmente de su responsabilidad.

En cuanto a la urgencia que Ortega renuncie, cabe preguntarse: ¿Con Ortega, se recuperará la economía? ¿Volverá la confianza de inversionistas? ¿Seguirán prestando los organismos financieros? ¿Volverán los empleos perdidos? ¿Tiene Ortega, después de las heridas que ha abierto en la sociedad, alguna capacidad de gobernar, más allá del terror? No, definitivamente no.

Mientras con Ortega en el poder Nicaragua será ingobernable, la transición que aguarda son de estabilidad y recuperación económica acelerada. En Nicaragua tenemos suficientes instituciones, gubernamentales y no, que aseguran una transición ordenada: el Banco Central, pese al orteguismo, conserva institucionalidad y profesionalismo; la burocracia del sector público, continuará prestando servicios normalmente, y mejor aún con erradicación de la corrupción; el Ejército ha logrado evitar involucramiento directo en la represión, y la Policía Nacional, depurada de sus mandos represivos, seguirá prestando servicios de tránsito y seguridad ciudadana.

Y Nicaragua tiene los niveles suficientes de organización social, y con autoridad política, para asegurar disciplina durante la transición: la Alianza Cívica, que ha demostrado coherencia, e incluye sectores procedentes del sandinismo; la Conferencia Episcopal; los organismos gremiales del sector privado; las ONG y organizaciones sociales, y el propio sandinismo que apoya las protestas, no sólo porque fueron excluidos en la privatización orteguista del FSLN, sino por la represión de gente desarmada.

Si en 1979 en que se desplomó la Guardia Nacional y la burocracia, el país recuperó funcionamiento en medio de la revolución, con mayor razón ahora.

Hace algunas semanas, elecciones anticipadas como lo demandó el sector privado y el Secretario General de la OEA, anticipaban una solución de la crisis. La respuesta represiva de Ortega ha estrechado las opciones, y como dijo la dirigente de CANATUR, la única solución es la renuncia de Ortega, que está prevista en la Constitución, y que anticipa hacia ahí se moverán otros actores y la comunidad internacional, pues el pueblo ya lo hizo.

Edición No. 455, 23 de junio de 2018

Tags

, , , , ,

Diálogo y… ¿a la vez, represión?

¿Cómo es posible, se preguntan algunas personas, que la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, continúe en el Diálogo Nacional, mientras Ortega continúa reprimiendo sangrientamente, siendo ésta la manifestación más evidente que no quiere el diálogo?

Precisamente, por esa razón: Ortega no desea el diálogo, pero debe aparentar que lo desea.

La lucha por la libertad y democracia de Nicaragua se está librando en varios campos, interrelacionados entre sí.

El terreno más importante es la calle, hasta abril llena de apatía pero desde entonces colmada de gente y patriotismo. En la calle se manifiesta la resistencia cívica de la casi totalidad de población nicaragüense en diferentes formas: marchas multitudinarias en Managua y otras ciudades; plantones; tomas de instalaciones universitarias; paros;  tranques y otras formas de desobediencia civil.

Frente a la calle, la respuesta gubernamental ha sido represión, ya que el orteguismo tuvo monopolio de la calle y control territorial absoluto, impidiendo toda protesta, por pacífica que fuese. De ahí su odio por los tranques, que son fundamentalmente defensivos, pero visualizan el control territorial que Ortega ha perdido.

Otro terreno es la comunidad internacional, y es imposible que ella y otros actores fácticos acepten una salida a la crisis que no sea pacífica, y de ahí que Ortega aparente dialogar mientras reprime.

En la medida que Ortega reprime, pierde la batalla en el campo de la comunidad internacional. Y aquí debe recordarse que la interrelación de calle, Diálogo Nacional y comunidad internacional,  impuso a Ortega que aceptara la venida de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), como también ha hecho posible que ayer se debatiera en el Consejo Permanente de la OEA el demoledor informe de la CIDH, el cual fue rechazado “de manera integral” por Ortega, aislándose aún más.

A través del diálogo, y la enorme autoridad moral de la CEN, el gobierno aceptó invitar al Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos, la Unión Europea (UE), y otra vez a la CIDH y OEA, para que acompañen el proceso de seguridad y verificación.

Ortega quisiera que la calle se decidiera únicamente en el terreno que más conoce: la represión. Pero la presencia de la comunidad internacional limitará sus manos. Si Ortega insiste en la represión, la comunidad internacional tendrá que considerar otras formas de intervención humanitaria, porque lo más importante es parar la matanza, que raya en genocidio.

Calle, diálogo y comunidad internacional, están abriendo el camino de la solución pacífica que solamente puede ser elecciones anticipadas, como lo reiteró ayer la Secretaría General de la OEA, con apoyo de varios países. Solamente agregaríamos el clamor de la calle: elecciones anticipadas sí, pero sin Ortega, para que sean efectivamente democráticas.