Edición No. 451, 19 de mayo de 2018

Tags

, , , , ,

Límites y oportunidades del Diálogo 

Lo que ocurrió en la primera sesión del Diálogo Nacional, y desde luego sin los momentos de dramatismo que pusieron los estudiantes y representantes de la sociedad civil, y la gélida frialdad que puso el gobierno, era relativamente previsible: indignación por la masacre y represión, y remoción de las causas de fondo que las provocaron, por los primeros, y negación y regreso a lo mismo, por Ortega.

A estas alturas, y sin conocer el curso que seguirá el Diálogo Nacional pero deseando que tenga éxito pues Nicaragua necesita, sí, necesita, una solución pacífica a la crisis que ha estallado pues suficiente sangre se ha derramado, nos atrevemos a plantear los límites y oportunidades dentro los cuales el Diálogo se realiza.

En primer lugar, y a esto debe poner límite el Diálogo, tenemos que evitar otra transición catastrófica de un régimen autoritario, como ocurrió con Zelaya y Somoza, y es el riesgo con Ortega. La situación actual, en la medida que se prolongue, más y más catástrofe humana y socioeconómica arriesga.

Bajo las circunstancias a las que hemos llegado, pensar en las elecciones del 2021 como el plazo de solución, es el camino más cierto a la catástrofe. Ortega, en su negación de las causas que han conducido a la tragedia actual, lo dijo en la primera sesión cuándo se refirió a la misión de cooperación que acordó con la Secretaría General de la OEA (Organización de Estados Americanos), y que se establecería por tres años.

La OEA y otras agencias internacionales, intergubernamentales como la ONU (Organización de Naciones Unidas) y la Unión Europea, y no gubernamentales como el Centro Carter e IDEA (Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral), pueden ayudar a la democratización que se ha pedido por la Conferencia Episcopal, el sector privado y es el clamor de la calle encabezado por los jóvenes. Pero el primer paso, y este es otro límite que debe establecer el Diálogo, son elecciones anticipadas, y entre más pronto mejor, y que ni Ortega ni su esposa se presenten de candidatos a la misma, pues son la primera y única causa de la crisis por su afán de perpetuarse antidemocráticamente en el poder. En este sentido, la idea de un gobierno provisional que muchos han vocalizado, y para el cual hay opciones legales, no carece de sentido.

Como también, si se trata de crear confianza en el Diálogo Nacional y evitar más enfrentamientos, la Policía y el Ejército deben recuperar el monopolio legal de la fuerza y proceder a desarmar las fuerzas de choque paramilitares del orteguismo. Esta es una indispensable medida cautelar mientras la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), que ha iniciado sus investigaciones, ayuda con su informe a establecer la justicia que las víctimas y sus familiares reclaman, con amplio apoyo nacional e internacional.

En la primera sesión del Diálogo, Ortega también hizo un alegato para volver a lo mismo cuando intentó responsabilizar a las protestas del desempleo y la escasez. En su estulticia, quiso ignorar que antes del año 2007 en que volvió al poder ya Nicaragua crecía económicamente, convivíamos sandinistas y no sandinistas, teníamos seguridad ciudadana, atraíamos turismo e inversiones extranjeras, y todo lo hacíamos en democracia, en la democracia a la que se quiere volver a través de una solución pacífica, y el Diálogo Nacional es la única oportunidad.

En definitiva, límites y oportunidades del Diálogo Nacional se confunden. Cualquier otra cosa que no sea el fin del régimen de Ortega, y recuperar la construcción democrática que interrumpió y nos condujo al derramamiento de sangre, solamente arriesga más catástrofe humana, económica y social.

Advertisements

Edición No. 450, 12 de mayo de 2018

Tags

, , , ,

¿Puede volver la estabilidad autoritaria?

Hasta mediados de abril, y con la matanza que continúa, Nicaragua lucía como un paraíso de estabilidad en una región convulsa, azotada por la inseguridad ciudadana.

Pero no todos sabían que era una estabilidad autoritaria, con represión selectiva a los pocos focos de resistencia democrática. Y a los que precariamente se alzaban en armas en zonas rurales, les mataban, de modo que Nicaragua lucía el expediente de cero presos políticos.

Todo cambió. La suma de agravios contra diferentes sectores, se terminó encadenando con la demanda democrática: ¡Qué se vaya Ortega!, es el clamor ciudadano. La matanza de jóvenes, estudiantes casi todos, ha articulado indignación y protesta política generalizada.

La pregunta que se hace en Nicaragua y el extranjero es si podemos volver al modelo de estabilidad autoritaria de Ortega. No, imposible.

Más allá de coincidir con la convicción de casi la totalidad de nicaragüenses, paso a dar algunas razones: las bases de sustentación estructurales del modelo de estabilidad autoritaria, han cambiado totalmente.

La conjunción de factores que permitieron crecer económicamente durante una década, se ha alterado: el boom sincronizado en precios de exportación, ha desaparecido; ha disminuido drásticamente la cooperación venezolana; el clima de inversión, que atraviesa transversalmente todos los sectores, está seriamente lesionado; la crisis de la seguridad social, que Ortega postergó, llegó; ninguno de los megaproyectos cuajó; y Ortega,  irresponsablemente, no fortaleció la capacidad fiscal, en hora de vacas gordas.  Y queda un país desnudo en su precariedad primaria y pobre-exportadora, que ha basado exclusivamente su competitividad en bajos salarios.

La política de diálogo y consenso con el sector privado, en que Ortega nunca aceptó la agenda institucional-democrática del COSEP (Consejo Superior de la Empresa Privada), hizo crisis con la matanza de jóvenes, y cualquier intento de recuperarla amenaza credibilidad del sector privado.

El rígido control de medios de comunicación, tolerando solamente algunos independientes, no podrá ser reestablecido sin afectar el clima de inversión y otras consecuencias.

La utilización de fuerzas de choque paramilitares, con complicidad de la Policía, y que arriesga más confrontación en una escalada protesta-represión-protesta, no es compatible con el retorno a la estabilidad. Además que somete a prueba a una Policía Nacional extendida en su esfuerzo físico, y también emocional e institucional, al reprimir a su propio pueblo y no a criminales.

El modelo autoritario de Ortega hasta ahora había pasado “agachado”, fuera de los reflectores, pero ahora está en el radar de la atención internacional. La indiferencia o complicidad tácita de la comunidad internacional, se acabó. La explícita preocupación de varios países latinoamericanos, de la Unión Europea, y de la administración de Estados Unidos, trascendiendo al lobby hispano-americano en el Congreso, lo revelan.

El carácter dictatorial del régimen de Ortega ha quedado visible.

Igual que esa imagen, Ortega perdió, irreversiblemente, otras batallas políticas-ideológicas.

La distinción entre sandinismo y orteguismo, es definitiva. Los eslogan que se corean en las calles de Nicaragua, son de estirpe sandinista: “¡Qué se rinda tu madre”!, el epopéyico grito de Leonel Rugama, combatiendo solo contra la Guardia de Somoza, se corea en las manifestaciones contra Ortega, subrayando esa distinción.

Las palabras amor, paz, diálogo, cristianismo, humildes hijos de Dios, en boca del gobierno, suenan hipócritas.

La juventud se sacudió la política de adormecimiento, de frivolidad, del entretenimiento, de las consignas que sustituyen convicciones, y volvió a demostrar, una vez más, que quieren heredar una Nicaragua mejor que la actual.

El Ejército de Nicaragua, hasta ahora, ha emitido un comunicado en el cual respalda el camino del diálogo, y señala que solamente resguardará “entidades y objetivos estratégicos vitales para el funcionamiento del país”. La lectura implícita es que no saldrá a reprimir, y así lo han recordado algunos ex Jefes del mismo. Es lo que se espera, por mandato constitucional y por legitimidad política ante la sociedad y la comunidad internacional, ya que en nuestro Código Penal existen los delitos contra el orden internacional (genocidio, lesa humanidad). Esa legitimidad la ha perdido la Policía Nacional, pero puede recuperarla si deja de reprimir, o encubrir a quienes reprimen.

La demanda que Ortega se vaya tiene legitimidad nacional e internacional. Entre más pronto, mejor, y para todos, incluso para Ortega, que aún puede negociar una salida.

Edición No. 449, 4 de mayo de 2018

Tags

, , , ,

Estamos a tiempo 

Estamos a tiempo de impedir otra transición catastrófica.

A principios del siglo XX, la economía nicaragüense era de las más prósperas y fuertes de Centroamérica. El afán continuista de Zelaya terminó en guerra civil e intervención extranjera de los Estados Unidos.

Lo mismo ocurrió después del largo período de estabilidad autoritaria de la dictadura y dinastía somocista. Poco antes del triunfo de la revolución sandinista, el ingreso por habitante de Nicaragua era casi semejante al de Costa Rica y Panamá. Hoy no llega a la quinta parte, y eso explica la migración de centenares de miles de nicaragüenses a esos países.

Toda estabilidad autoritaria termina en represión masiva, y es lo que ha ocurrido en Nicaragua con la masacre de abril.

Hasta ahora los casos de represión habían sido relativamente aislados. Pensar que se pueda recuperar la estabilidad autoritaria con solamente casos aislados de represión, después de la masiva represión de abril y que todo indica tiende a extenderse, es una ilusión, como era también ilusión que la estabilidad autoritaria del régimen de Ortega no iba a desembocar en una represión masiva y generalizada.

En septiembre de 2014, en este periódico, a propósito que la Agencia Crediticia Moody´s había mantenido la calificación crediticia de Nicaragua, que no era mala pero tampoco permitía el acceso a financiamiento internacional más barato, escribimos: “Todas estas reflexiones pueden parecer, por su tecnicismo, alejadas de la vida diaria de la inmensa mayoría de nicaragüenses. Pero no es así. El “riesgo país” significa más costos para producir lo mismo, y esos costos los pagamos todos cuando compramos, desde una libra de frijoles y un cuaderno hasta un tractor”.

Concluíamos: “Y que no se olvide: el principal factor del “riesgo país” es la arbitrariedad institucional del gobierno”.

¿Se imaginan en cuánto se elevará el “riesgo país” si no recuperamos, y pronto, la construcción democrática que el régimen de Ortega interrumpió y pervirtió?

Hasta ahora, el régimen de Ortega se está atrincherando en la represión y en evadir las causas profundas de lo que ha ocurrido. Como lo señalamos la semana pasada, un conjunto de agravios si se quiere de naturaleza micro, a diferentes sectores, se terminaron articulando en la macro demanda del fin del régimen.

La negativa, bajo el argumento que están en marcha procesos internos de investigación, a la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), forma parte de ese atrincheramiento del régimen. La incredulidad ciudadana en esos procesos internos, como la investigación de la Fiscalía General y la Comisión de la Verdad de  la Asamblea Nacional, es total, como lo destacó el editorial de ayer de este periódico.

La Conferencia Episcopal y los organismos gremiales del sector privado, tienen puntos de vista coincidentes en cuanto a la naturaleza de las causas que nos han conducido a la trágica situación actual. En sus planteamientos, esas dos instancias son un espejo del amplio clamor de la sociedad nicaragüense, incluyendo amplios sectores del sandinismo excluidos en el proceso de privatización orteguista del FSLN.

Mientras el orteguismo no podrá volver a la estabilidad autoritaria perdida, el sandinismo en su sentido amplio tendrá que ser parte de cualquier solución estable a largo plazo, que solamente puede ser la democratización, también perdida.

 

 

 

 

 

 

 

Edición No. 448, 28 de abril de 2018

Tags

, , ,

Estallaron todos los agravios

Desde las páginas de este periódico, y en los escasos medios de comunicación independientes que aún quedan, y poco a poco hasta crecer de manera imparable en las redes sociales, se han venido denunciando los diversos agravios del régimen de Ortega en contra de Nicaragua.

Hasta que todos esos agravios, acumulados, estallaron.

La chispa, pero solamente la chispa que incendió la pradera, fueron las reformas al Instituto de Seguridad Social (INSS).

Estalló el control mafioso de la orteguista Unión Nacional de Estudiantes Nicaragüenses (UNEN), sobre la totalidad de estudiantes universitarios.

Estalló la obligación de los estudiantes de carnetizarse con el partido de gobierno, para acceder a becas y facilitar matrículas.

Estalló la obligación de los jóvenes para asistir a los mítines de gobierno, y alabar y entonar consignas de apoyo a la pareja presidencial.

Estalló la obligación de los jóvenes para participar en la represión de otros jóvenes.

Estalló la obligación de los empleados públicos para carnetizarse y mantener los empleos, y asistir a las manifestaciones de apoyo al gobierno, y a las calles y rotondas a reprimir.

Estalló la distribución selectiva de cédulas de identidad con fines electorales, pero privando a los excluidos de poder hacer trámites, y acceder a empleos, escuelas y otros centros de estudio.

Estalló la obligación de los pobladores y campesinos de carnetizarse para acceder a las láminas de zinc, tener atención preferencial en los centros de salud, y acceder a las gallinas, cerdos y vacas del programa “Hambre cero”.

Estalló la obligación de los buhoneros y comerciantes de someterse a las “argollas” gubernamentales, para acceder a tramos en los mercados, tramitación en las aduanas y otros permisos del gobierno y municipios.

Estalló la marginación de los “históricos” del FSLN en el proceso de privatización orteguista de ese partido.

Estalló la discriminación de los opositores, sobre todo en el corredor de la Contra, para que se respeten sus votos, y se les trate como nicaragüenses, terminando la odiosa discriminación entre orteguistas y los demás ciudadanos.

Estalló el descuido con el medioambiente y el patrocinio gubernamental del despale.

Estalló el fraude con las elecciones municipales de 2008, la violencia y otras irregularidades de las elecciones generales de 2011, en que los resultados fue imposible verificar según los organismos de observación electoral.

Estalló la exclusión de la oposición de toda oportunidad de participar en las elecciones generales de 2016.

Estalló la impunidad de la corrupción.

Estalló la marginación de los empresarios de todo tamaño, en especial de los pequeños y medianos, de acceder a los contratos y suministros gubernamentales sin pasar por las argollas del poder político.

Estalló la negociación de sentencias en el poder judicial.

Estalló la persecución y represión de las organizaciones de la sociedad civil.

Estalló la indignación con la inicua concesión canalera a Wang Jing.

Estalló el control monopólico de casi todos los medios de comunicación, y el sometimiento de los periodistas de esos medios a la autocensura.

Estalló el nepotismo en el poder.

Estalló el sueño de una estabilidad autoritaria eterna, y de la política de diálogo y consenso al margen de las preocupaciones democráticas.

El 21 de marzo de 2015 publiqué en La Prensa y comenté en Radio Corporación un artículo titulado “La chispa y la indolencia”. En el mismo comentaba un estudio de la Universidad de Michigan, y la entonces muy reciente reflexión de la Conferencia Episcopal sobre la Cuarezma de ese año.

Del primero citaba que “entre los nicaragüenses, las preocupaciones económicas y la esperanza para la creación de empleo ha prevalecido sobre las preocupaciones de procedimientos democráticos”.

Y de la reflexión pastoral citaba: “Es preocupante la indiferencia en que gran parte de nuestra sociedad ha caído frente a los graves problemas sociales y políticos del país”.

Y concluía mi artículo señalando:

“Llegará un momento en que los nicaragüenses nos daremos cuenta que legítimas aspiraciones económicas y de creación de empleos no se pueden resolver con Ortega, y entonces cobraremos sus abusos políticos. La sequedad de la pradera que Ortega ha creado es tal, que solamente aguarda a la chispa”, y recordaba que “después de la temporada de Cuaresma, viene la de Adviento, que es esperanza y redención”.