El Pulso de la Semana. Edición No. 501, 15 de junio de 2019

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Inventario en el camino

La excarcelación de la mayoría de presas y presos políticos, que ha incendiado de alegría a toda Nicaragua, es solamente un paso, significativo por cierto, en el proceso de alcanzar justicia y democracia, que los propios excarcelados se han encargado de reiterar.

Como toda fecha relevante, es momento de hacer un inventario para retomar fuerzas en el camino que nos falta por recorrer. Ortega recuperó el control territorial, en base a la represión. Pero, ¿a qué costo? Sin ningún asomo de duda, así como el pueblo estalló de alegría con la noticia de la excarcelación, es el malestar acumulado en la población contra Ortega. Mayor aún que en abril de 2018.

Ortega ha logrado fanatizar a su “guardia de cuerpo”, y no a todo el FSLN, con su discurso del golpe de Estado. Las reacciones de la comunidad internacional frente a la excarcelación, revelan que tampoco ese discurso ha sido creído. De modo que no existe la menor posibilidad que Ortega reconstruya las alianzas nacionales e internacionales, que hicieron posible el modelo de crecimiento económico  dictatorial de la última década. La comunidad internacional también pide, acompañando la demanda nacional, reanudar el diálogo “para completar las negociaciones sobre justicia y democracia”.

En este breve inventario del camino recorrido y por recorrer, abona el hecho que en esas negociaciones nos sentimos representados por la Alianza Cívica por la Justicia y Democracia (ACJD), así como ha crecido la articulación entre esa Alianza y la Unidad Azul y Blanco (UNAB). Y también abona, que todos los esfuerzos de esta lucha contra la dictadura están enmarcados, ideológicamente, en la democracia y economía de mercado.

Tres meses antes que estallara la crisis de abril presenté en el Auditorio Pablo Antonio Cuadra de Hispamer, la segunda edición del libro “Pedro Joaquìn, ¡Juega!”, perfil biográfico de Pedro Joaquìn Chamorro. En el discurso de presentación, cité a Pedro Joaquín quien en un editorial de 1966 dijo “Que haya un cambio. Un cambio pacífico y honorable, pero verdadero y profundo”. Me refería entonces a las dos transiciones catastróficas que tuvimos después de dictaduras de Zelaya y Somoza.

Fervientemente creo que podemos evitar otra transición catastrófica. Como señalé al final en el premonitorio discurso citado, “A caballo entre la coyuntura internacional y nacional, se ha iniciado el diálogo del gobierno con la Secretaría General de la OEA, que despierta suspicacias, pero también razonable optimismo. Ojalá ese diálogo conduzca a reformas políticas serias, que recuperen para Nicaragua el camino desandado en la última década, y “el cambio pacífico y honorable” que Pedro Joaquín soñó hace medio siglo, pueda ahora ser realidad”.

 

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El Pulso de la Semana. Edición No. 500, 8 de junio de 2019

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Sanciones y vía pacífica

La cuestión más prometedora, en términos de la historia de Nicaragua, es que la lucha emprendida contra la dictadura de Ortega ha sido y continúa siendo pacífica. Diferente ha sido la reacción de Ortega y su régimen que han reprimido sangrientamente las protestas. La recuperación del control territorial por el régimen de Ortega y la consecuente estabilidad aparente, esconde un riesgo semejante a la situación antes de abril de 2018.

Entonces, el crecimiento económico autoritario trasmitía la sensación que esa estabilidad y crecimiento eran indefinidos. Hasta que los agravios en contra de todos los sectores sociales, incluyendo dentro del propio FSLN, estallaron. Algo semejante está ocurriendo ahora. Si a los agravios que estallaron en abril, se suman los asesinados, heridos, presos, exiliados, y costos de miseria y desempleo derivados de la creciente crisis económica, que inequívocamente es responsabilidad de Ortega, ésa estabilidad en base a la represión es solamente aparente.

La dictadura de Ortega no tiene la menor posibilidad de recuperar las alianzas nacionales e internacionales que hicieron posible el crecimiento económico autoritario. Se cita al respecto, en sentido contrario, los casos de Venezuela y Cuba, en que sus regímenes han sobrevivido. Pero… ¿a qué costo en términos políticos, económicos y sociales? ¿Están los poderes fácticos –ciudadanos, iglesias, empresarios, ejército, el propio FSLN, países Centroamericanos, comunidad internacional- dispuestos a pagar ese precio, en favor de una familia?

Mientras no se recupere la justicia y democracia, y precisamente esos objetivos están en el nombre de la Alianza Cívica que nos representa en las negociaciones, ahora suspendidas, la crisis no terminará, como lo entienden moros y cristianos. Pero así como las negociaciones forman parte de la vía pacífica de lucha contra la dictadura, las reacciones de la comunidad internacional, incluyendo las sanciones, forman parte de la vía pacífica, de igual forma que los paros nacionales y otras formas de resistencia y desobediencia civil.

El editorial de La Prensa hace dos días aclaró, en base a la propia Carta Democrática Interamericana, que no era esperable por ahora, por más que sea merecida, la expectativa que la dictadura de Ortega sea suspendida en la próxima Asamblea General de la OEA en Medellín. Esa es la sanción máxima contemplada en la Carta, y mientras existen otras modalidades de lucha cívica en contra de Ortega que se pueden adoptar nacional e internacionalmente, incluyendo sanciones personales como las contempladas por el Parlamento Europeo.

La vía pacífica, incluyendo las sanciones que pueda adoptar la comunidad internacional, evitará el ciclo pernicioso del caudillo político-militar que encabeza la lucha contra una dictadura, e instaura otra peor.

El Pulso de la Semana. Edición No. 499, 25 de mayo de 2019

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El Ejército de Nicaragua

En el aniversario del nacimiento de Sandino y ante los mandos del Ejército de Nicaragua, Ortega repitió una vez más que nuestras fuerzas armadas tenían su origen en la revolución sandinista. La afirmación de Ortega es verdad, pero solamente a medias.

Sí, en cuanto al hecho histórico que el actual ejército tiene su origen en el triunfo de la revolución sandinista. No, en cuanto a su situación actual. En su conformación constitucional y legal, institucional y organizativa, y composición de su personal, es producto de la transición iniciada al finalizar la guerra civil de los años 80 y el proceso de construcción democrática que entonces se inició, y que muchos sandinistas ven como producto de la revolución y, en todo caso, de la interacción entre sandinismo y anti-sandinismo. Esa  incipiente democracia ha sido interrumpida por la pretensión dictatorial y dinástica de Ortega, igual a Somoza que el FSLN combatió, y por eso hemos desembocado en la crisis actual.

Basta señalar que desde 1990 han transcurrido 29 años, y que la casi totalidad de oficiales, desde tenientes a coroneles,  tienen su origen en   el proceso de institucionalización, profesionalización y formación que se inició entonces. De esta transición arranca, por primera vez en nuestra historia, la desprivatización del monopolio de la fuerza o la violencia legal, que es uno de los rasgos esenciales del Estado moderno. Hasta antes de iniciarse esa transición democrática, el monopolio de la fuerza siempre estuvo privatizado por un caudillo o partido político.

El acto del aniversario de Sandino fue partidario, con lo cual empequeñeció al héroe reduciendo su dimensión nacional. Además, Ortega colocó a los mandos del ejército al lado de los mandos de la policía, que ha dejado de ser nacional, reprimiendo al pueblo y amparando a los paramilitares, en circunstancias que el monopolio legal y constitucional de la fuerza son del Ejército y Policía.

Textualmente dijo Ortega: “Este Ejército y esta Policía nacieron de la Batalla que libró el Pueblo nicaragüense enarbolando la Bandera Rojinegra para rescatar la Bandera Azuliblanca que había sido arrastrada…” Menos de una semana después, tanto los policías como los miembros del ejército pudieron ver por todas partes el ondeo patriótico de la bandera azul y blanca, en el impresionante paro nacional pese a las amenazas del gobierno.

El día del paro puse un mensaje en twitter que quiero compartir: Éxito total del paro nacional convocado por Alianza Cívica. ¿Cómo evaluarlo? Fácil: de la actividad económica restar al gobierno, servicios esenciales, empresas amenazadas e informalidad económica porque verduras y frutas se pudren, y el paro fue del  90%. Ondeó la bandera azul y blanco, la única que nos cobija, y que antes de Ortega estaba en todas las oficinas del Ejército y Policía.

 

El Pulso de la Semana. Edición No. 498, 18 de mayo de 2019

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Límites al chantaje

Debe ponerse límites al chantaje de Ortega. El asesinato del preso político Eddy Montes es, en sus últimas causas, resultado del chantaje a que Ortega ha tenido sometida a Nicaragua. En este caso específico, Ortega ha tratado a los presos políticos y sus condiciones carcelarias –es decir, ¡a los propios derechos humanos!- como carta de negociación, en el proceso de diálogo con la Alianza Cívica (ACJD), que está representando a la comunidad nacional e internacional en la búsqueda de una solución pacífica a la crisis.

El chantaje de Ortega a Nicaragua no es nuevo. “Gobernar desde abajo”, fue parte de ese chantaje. Mantener programas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), políticas económicas ortodoxas y alianzas con el sector privado para impulsar un crecimiento económico autoritario, sacrificando la incipiente democracia nicaragüense, también formó parte del chantaje, como la política migratoria y la seguridad antinarcóticos, que ya existía, en su relación con los Estados Unidos. Como ha sido el control mafioso de la Unión Nacional de Estudiantes (UNEN) a cambio de becas y matrículas, los programas sociales con obligación de afiliarse al partido de gobierno, las cuotas de exportación a Venezuela, las sentencias judiciales para dirimir problemas legales, la asignación de contratos gubernamentales y la obligación de rotondear a los empleados públicos, en fin, gobernar para Ortega ha sido equivalente a chantajear.

Hasta que todos los chantajes y abusos estallaron en abril de 2018, y no vaciló en reprimir sangrientamente, imponiendo el chantaje del terror, porque a esa situación nos tiene sometidos a los nicaragüenses, al chantaje del terror.

En uno de sus recientes artículos el periodista Carlos Fernando Chamorro hizo una reflexión pertinente para concluir el chantaje de Ortega a Nicaragua. Se preguntó, frente a la posición de Ortega en las negociaciones con la Alianza Cívica (ACJD) en que ha puesto trabas a la solución de la crisis, qué se podía hacer para cambiar esa correlación en que por un lado está el control en base al terror, y por el otro la aspiración democrática de los nicaragüenses. Desde la perspectiva de esa pregunta, inició una necesaria discusión sobre el papel de los grandes empresarios, el ejército y el propio FSLN. Todos pueden y deben contribuir, en función de sus propios intereses, a terminar el actual empate en la crisis.

No hay ninguna posibilidad que el actual empate en la crisis se resuelva a favor del proyecto de dictadura dinástica de Ortega. El asesinato y los heridos del jueves 16 de mayo en las cárceles revelan, una vez más, los límites de terror de la política de chantaje, y la total inviabilidad de esa dinastía.