El Pulso de la Semana. Edición No. 543, 23 de mayo de 2020

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Muñequito

Punto y aparte en sanciones

Tenía listo mi artículo de hoy cuando sobrevino la noticia que el Jefe del Ejército, General Julio C. Avilés, había sido sancionado por el gobierno de los Estados Unidos, y también el Ministro de Hacienda, Iván Acosta. En el primer párrafo del artículo preparado, me preguntaba por qué Ortega no aplicaba las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para luchar contra el coronavirus, y a reglón seguido me contestaba, que no las necesitaba y esto, en efecto, tiene que ver con las recientes sanciones.

Las medidas recomendadas por la OMS, agregaba en el artículo preparado, de alguna forma restringen la libertad de las personas, desde la movilización hasta el confinamiento obligatorio, y aquí en Nicaragua existe un Estado de Sitio de hecho, hay una cuarentena permanente, pero por razones políticas, porque hemos derivado de un régimen autoritario a una dictadura sangrienta. Hay que recordar, qué en la masacre de abril y meses subsiguientes, se usaron armas de fuego de guerra, tanto por la Policía como por grupos armados parapoliciales, como está en el Informe del Grupo Interinstitucional de Expertos Independientes (GIEI). Esas armas de fuego de guerra, como señala la comunicación de la sanción, no podrían haber sido entregadas sin autorización superior.

Hay que recordar, a propósito de esta sanción individual, que el General Avilés no se negó, como debería haberlo hecho, a uno de sus  compromisos institucionales fundamentales, a la prolongación indefinida en su cargo de Jefe del Ejército, como lo hicieron antes los Generales ® Humberto Ortega, Joaquín Cuadra, Javier Carrión y Omar Hallesleven. Esta prolongación era parte esencial del proceso de institucionalización y profesionalización del Ejército, y era, a la vista de todos, una réplica de la prolongación indefinida y fraudulenta de Ortega en el poder.

A diferencia de la Policía Nacional, que ha sido sancionada como institución, además que han sido sancionados algunos miembros individualmente, no ha sido este el caso porque el Ejército como institución no ha sido sancionada. En este sentido, puede verse en la sanción el incentivo para que el Ejército como institución cumpla su reiterado compromiso, en varios comunicados, por una solución pacífica de la crisis política.

Y, precisamente, estas son las razones de las sanciones internacionales, individuales como en este caso, adoptadas por el gobierno de los Estados Unidos, pero también por Canadá y la Unión Europea, como lo vimos hace pocas semanas. Alcanzar una solución pacífica a la crisis política es la convergencia entre las sanciones adoptadas y los nicaragüenses, pero Ortega parece haber aprovechado la pandemia para mantener el Estado de Sitio de hecho y retrasar su levantamiento, incluyendo la liberación de presos políticos, y prepararnos para la solución pacífica por excelencia, que son elecciones verdaderamente libres.

(Se autoriza y agradece su reproducción y circulación)

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El Pulso de la Semana. Edición No. 542, 16 de mayo de 2020

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Muñequito

¿Se unificará la oposición?

La pregunta si hay o no unificación de la oposición, solamente puede ser respondida conociendo la estrategia de Ortega, porque él hará todos los esfuerzos para evitarla. La oposición, respaldada por la comunidad internacional, ha planteado una salida pacífica, y por tanto electoral, a la crisis política. Pero no cualquier tipo de elecciones, sino efectivamente democráticas.

Elecciones, como demanda la oposición y comunidad internacional, suponen determinadas condiciones. Ortega manejará esas condiciones para dividir a la oposición y a la comunidad internacional. Aquí viene una importante aclaración: unificación de oposición no significa unanimidad, que todos sin excepción nos unifiquemos.

Basta un ejemplo: en 2011, la oposición se unificó en torno a la candidatura de Fabio Gadea Mantilla, en la Alianza PLI, fundamentalmente integrada por el Movimiento Vamos con Eduardo y el MRS. Y pese a fraudulentas irregularidades, según testimonio de los observadores nacionales e internacionales de UE y OEA, a Fabio se reconoció un poco más de 30%, y al PLC, a pesar de su famoso “tendido organizativo” y llevando de candidato a su caudillo, Arnoldo Alemán, que disfrutaba del apoyo de Ortega, apenas se asignó alrededor del 5%. Es decir, Ortega no pudo evitar la concentración del voto en torno al candidato que representaba a la oposición. Y esa concentración del voto opositor fue a pesar que había otros partidos políticos participando en las elecciones.

Recordemos qué en las elecciones generales de 2016, se despojó a la oposición de toda opción legal de participar. Con la presión de la Nica Act, Ortega abrió diálogo con la OEA y concedió opción legal a una fracción de la verdadera oposición, para participar en las elecciones municipales de 2017, pero la dinámica de partido único de Ortega era imparable y ganó el 90% de las alcaldías.

Debemos conocer que la opción de Ortega es que algunos partidos políticos que actualmente tienen personería jurídica, acepten participar en las elecciones con algunas concesiones, aunque no satisfagan una elección democrática. Esto, supone él, dividiría a la oposición y potencialmente a la comunidad internacional.

De la sangrienta crisis surgió primero la Alianza Cívica (ACJD), que ha sido interlocutora de Ortega en dos diálogos nacionales y es reconocida internacionalmente, y meses después la UNAB, que son el verdadero paraguas de la oposición. Su convergencia nos alienta, y de esta breve historia la conclusión es que entre las condiciones mínimas para una elección democrática, debe estar libertad total de participación electoral de los partidos políticos, bajo ese paraguas, tengan o no personería jurídica, y evitar así el juego de Ortega de distribución de personerías. Y, desde luego, libertad de presos políticos, suspensión Estado de Sitio, observación electoral, justicia, cambios en CSE, entre otras condiciones mínimas.

 

El Pulso de la Semana. Edición No. 541, 9 de mayo de 2020

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Muñequito

¿Qué aprender de Venezuela?

A pesar de la pandemia, que ocupa la atención mundial, se abrió paso la información procedente de Venezuela sobre una supuesta invasión militar, tan mal organizada como desafortunada, pues se reportan varias víctimas, que el juicio de todos los analistas y periodistas es que su organización pareció una opereta, por inverosímil y disparatada. Por eso decimos, supuesta. Además, tan inofensiva, que el gobierno de Maduro conoció de sus planes con suficiente anticipación.

Una víctima política indirecta de la bufa trama sería Juan Guaidó, líder de la Asamblea Nacional, a quién más de cincuenta países reconocen como Presidente en funciones, porque algunos personeros de la oposición en el extranjero aparecieron vinculados al disparate, aunque él no haya tenido vínculo directo con esa opereta.

En efecto, hay sectores de la oposición en Venezuela tan desesperados por la radicalización de Maduro, que ha sumido al país en una crisis humanitaria, incluyendo la  cancelación de opciones negociadas y por tanto electorales, que buscan vías diferentes a las que lidera Guaidó.

Como Venezuela jugó un papel muy importante en la consolidación dictatorial de Ortega, por la generosa cooperación petrolera, y otras asociaciones que vinculan a Maduro y Ortega más allá de la retórica, internacionalmente se asocia a los dos países, a pesar de importantes y numerosas diferencias entre ellos.

Para empezar, todos los que se oponen a Ortega están por la vía pacífica, y fueron protestantes pacíficos los masacrados en abril. Tampoco Nicaragua tiene el interés geopolítico que Venezuela, con una masiva presencia cubana, aunque Ortega lo intentó con el canal interoceánico. En tercer lugar, mientras la Policía se involucró abierta y directamente en la sangrienta represión, y el Ejército permitió el accionar de los grupos armados paraestatales o parapoliciales, popularmente conocidos como paramilitares, como institución militar el Ejército ha reiterado su compromiso con una solución pacífica a la crisis política. Finalmente, y como dijo el ex diputado Jáuregui, quién el año pasado presidió la delegación del Parlamento Europeo, el próximo año habrá elecciones en Nicaragua.

El punto de convergencia de las presiones y sanciones de la comunidad internacional, de la unidad de la oposición, de la Iglesia Católica y otras denominaciones cristianas, de los empresarios, de las organizaciones sociales y de la opción que respalda la institución militar, es la vía pacífica y que esas elecciones sean creíblemente democráticas. Sin que sean creíblemente democráticas, no hay vía pacífica.

Y para que lo sean, deben ser con reformas electorales, sin Estado de Sitio, sin presos políticos, sin exiliados, sin represión, con libertad de expresión y justicia, como única opción para que la crisis política y sus consecuencias económicas tengan solución. Ortega tratará de retrasar esas condiciones, pero si no hay tiempo suficiente, tampoco serán creíblemente democráticas.

(Se autoriza y agradece su reproducción y circulación)

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El Pulso de la Semana. Edición No. 540, 2 de mayo de 2020

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Único mensaje de Ortega: dinastía

Ortega creó una gran expectativa en relación a su discurso sobre el Primero de Mayo, de lo cual habló muy poco, poquísimo, y en torno al aniversario de la muerte de Tomás Borge, del cual también habló muy escasamente, para únicamente enviar el siguiente mensaje: como se habrá notado, la disposición de las cámaras de televisión era de tal forma, que solamente enfocaban a él, su esposa, y al lado derecho de las pantallas, dónde estaba entre otros miembros del gabinete, su hijo. El lado izquierdo de la pantalla, para los espectadores, no existió del todo.

El único mensaje del discurso de hace dos noches era ése: proyectar la dinastía, que es como meter el dedo en la herida de Nicaragua, ¡y removerla!

¿Qué más dijo, que no haya dicho antes? ¿Que haya atacado a los Estados Unidos? Antes lo hacía, pero muy comedidamente. Desde que Ortega regresó al gobierno en 2007, se cuidaba de hacerlo únicamente desde la historia, mencionando a William Walker, a Benjamín Zeledón, a Sandino, para satisfacer a sus escasas bases políticas. Pero como mantenía buenas relaciones con Estados Unidos, entre otras razones porque solamente el 7% de los migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos proceden de Nicaragua, no los atacaba, ¡hasta que llegaron las sanciones por la masacre de abril!

Desde su riqueza, porque es quizá de los empresarios más ricos de Centroamérica…¿cuándo los había atacado, como lo hizo antenoche, o en otro discurso de noviembre pasado, si no hubiesen roto con él, después de los centenares de asesinatos políticos? Y los sibilinos ataques a la Iglesia Católica, a cuyos sacerdotes llamó “sepulcros blanqueados”, ¿eran, acaso, nuevos, desde que no bendicen sus actos públicos?

¿Qué otra cosa dijo Ortega, que no sea una cansina y con frecuencia incoherente lectura de estadísticas de salud?, y cifras de muertos para dar a entender que no todos son por coronavirus, aunque se le olvidó decirlo. ¡Menos mal que en esta ocasión no volvió a repetir lo de hospitales quemados en la rebelión cívica de abril, porque no los hubo!

Lo que no dijo es que su gobierno está promoviendo actividades que aglomeran gente, cuando la más elemental medida de lucha contra la pandemia es la distancia social, que se queden en casa los que no necesitan salir, como él, y no exponer a niñas y niños al contagio, asistiendo a escuelas públicas.

En definitiva, Ortega no respondió a ninguna de las cosas que preocupan a los nicaragüenses, desde la pandemia hasta el alivio de las consecuencias económicas negativas de esa pandemia. De esto no dijo nada, absolutamente nada.

El único mensaje, fue visualizar la dinastía dictatorial, como si los nicaragüenses lo fuésemos a permitir.

(Se autoriza y agradece su reproducción y circulación)

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