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Apuntes a la negociación

Debe ser muy difícil para los negociadores de la Alianza Cívica saber que su contraparte, del gobierno, no tiene ningún margen para decidir.

Ése es un rasgo esencial de las negociaciones que se reiniciaron esta semana. Al monolitismo de la delegación del gobierno, en que toda decisión es tomada por Ortega, se enfrenta la delegación de la Alianza Cívica que representa una pluralidad de intereses, movimientos sociales, gremios empresariales de diverso tipo, sectores políticos, y además está abierta al escrutinio de la opinión pública que se expresa en radios, TV y periódicos (cada vez más limitados por la censura), y las redes sociales que multiplican con instantaneidad y al infinito las voces de la ciudadanía. ¡Y qué decir de los intentos de dividir y sembrar cizaña de los guardianes del dictador!

 Un segundo rasgo esencial de esas negociaciones, es que Ortega está sentado a través de su delegación, no por su voluntad, sino por las circunstancias de la crisis. El agravamiento de la situación económica y la necesidad de evitar mayores sanciones internacionales. El reporte unánime de los organismos nacionales e internacionales de derechos humanos, que lo sindican de la represión, incluidos delitos de lesa humanidad, y que el discurso público al más alto nivel del gobierno extendió el aval político a esa represión. Súmese que dentro y fuera de Nicaragua no se ha creído el argumento del “golpe de estado con ingerencia extranjera”. Finalmente, en este breve recuento, el interés de los así llamados poderes fácticos (sector privado, ejército, Iglesia, países vecinos, etc) en la estabilidad, paz y recuperación económica de Nicaragua. Es decir, para la delegación de la Alianza Cívica, Ortega no está ahí por su voluntad sino por las circunstancias, y es frente a ellas que actuará.

De esos rasgos de la negociación se desprenden algunas conclusiones, entre ellas que Ortega intentará mostrar flexibilidad, entregando a cuentagotas “concesiones”, como el reciente cambio de régimen carcelario de algunos presos políticos. También que Ortega intentará dividir el respaldo nacional e internacional de la Alianza Cívica, y usará con ese fin su apariencia de flexibilidad.

Atajar esa pretensión de Ortega es responsabilidad no solamente de la delegación de la Alianza en las negociaciones, la cual, desde luego, debe actuar con transparencia informativa, en el marco de la efectividad de la negociación.  Es también responsabilidad nuestra, estando conscientes que muchas demandas, incluyendo algunas muy sensibles, solamente se alcanzarán una vez que Nicaragua se democratice, así como, también, la solución a la crisis económica no es posible con Ortega en el gobierno.

 

 

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