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Evitar otra Venezuela

En noviembre de 2018 publicamos en este diario, y comentamos en Radio Corporación, un artículo titulado “¿Es Venezuela nuestro futuro?”. Para entonces, la oposición al régimen de Maduro languidecía después de momentos explosivos de años anteriores, en que el fin de esa tiranía lucía cercano. Y nuestro análisis era que existían algunas diferencias sustantivas entre ambos países y regímenes, que nos llevaban a la conclusión que Ortega no se consolidaría como lucía Maduro.

El paralelismo de semejanzas, ambos regímenes dictatoriales, y diferencias, crisis económica peor en Venezuela, se mantiene. Pero señalaba también que los dos regímenes comparten la característica del amplio rechazo de la comunidad internacional, que para los dos países se ha acentuado.

Y pocos meses antes que estallara la crisis de abril en nuestro país, publiqué varios artículos que analizaban, tras las consecuencias de la revolución y guerra civil posteriores a la dictadura de Somoza, que nos hizo retroceder décadas en términos económicos, que los nicaragüenses debíamos hacer lo posible para evitar otra transición catastrófica de la dictadura a la democracia. Recordaba que antes del fin de Somoza nuestro ingreso per cápita era dos tercios de Costa Rica, y que ahora no llegamos a la quinta parte.

La gravedad económica en Venezuela se explica fundamentalmente por la equivocación de sus políticas económicas, y el despilfarro por corrupción y equivocados cálculos geopolíticos, y no tanto por sanciones de la comunidad internacional. Pero el desenlace de la dictadura en ese país se está dando por convergencia de la reactivación de la oposición y la acentuación del rechazo de la comunidad internacional, incluyendo severas sanciones y económicas.

He titulado este comentario “Evitar otra Venezuela”, porque ante el empecinamiento de Ortega estamos a punto de tener otra transición catastrófica que, en verdad, ya empezó para las decenas de miles de nicaragüenses que han perdido el empleo. También, y aunque no ha habido hasta ahora destrucción de activos económicos fijos, como plantas industriales e infraestructuras, hemos perdido activos no financieros que nos tomará muchos años recuperar: calificación de agencias crediticias, imagen turística, seguridad ciudadana, confianza económica, para solamente señalar algunos activos intangibles.

Y el régimen dictatorial, en vez de ceder para iniciar la solución de la crisis política que está detrás del declive de la actividad económica, nos expone a las sanciones internacionales que están precipitando el desenlace de Venezuela, y ha adoptado una serie de reformas tributarias y a la seguridad social que incrementarán el deterioro de la economía.

Venezuela es un país petrolero con una renta externa que ayudará a su recuperación económica. Nosotros dependemos más de la confianza y la seguridad política y jurídica para nuestra recuperación. No es que los venezolanos no necesiten la democracia, es que nosotros económicamente la necesitamos más, y ambos pueblos la merecen.

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