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¿A quién creer?

El próximo lunes viene una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), y su llegada seguramente influenció para que las autoridades económicas del gobierno, con la obvia aprobación de Ortega, hayan aceptado que este año la economía tendría un crecimiento negativo del -4%. Ese deterioro de la economía se incorporó en el proyecto de presupuesto que recién se presentó ante la Asamblea Nacional, y pocos días antes lo había anticipado el FMI y otros organismos financieros internacionales, confirmando el peor de los escenarios que el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES) habían monitoreado entre sus empresas.

La pregunta obligada es a cuál Ortega creer. ¿A Ortega que continúa reprimiendo, o a Ortega que autoriza al Ministro de Hacienda que presente un presupuesto que asume el desastre económico en que nos tiene sumidos, por su negativa a la democratización de Nicaragua?

La misión del FMI encontrará algunas certezas que no podrá ignorar. La primera certeza, es que Ortega continúa la represión, profundizando el clima de inseguridad jurídica y desconfianza política con el cual es imposible cualquier intento de recuperación económica. La segunda certeza, es que en los hechos Ortega ha venido cumpliendo lo que señaló en su discurso del 21 de septiembre, en el cual no solamente amenazó al sector privado, sino que reivindicó lo que llamó, textualmente, la “Nueva Economía Popular”, diciendo que “en sus propias piernas, en su propia Inteligencia, en sus propias Fuerzas, Nicaragua va a asegurar el alimento para l@s nicaragüenses…”. La tercera certeza, es que en consonancia con esa nueva economía popular, ha decidido crear la Empresa Nicaragüense de Importaciones y Exportaciones (ENIMEX), para competir con el sector privado, como lo temen y han hecho público los gremios empresariales. Y la cuarta certeza, es que se ha eliminado la publicidad de los registros para ocultar transacciones y transferencias de propiedad, en una francachela de corrupción que solamente en el INSS, el rendimiento por inversiones ha pasado de casi 70 millones de dólares en 2010-2011, habiendo Ortega recibido el INSS con superávit, a menos de 3 millones proyectados en 2019.

La semana pasada escribimos que aún estamos a tiempo de evitar una transición catastrófica de la dictadura a la democracia. El año 2009 la economía tuvo un crecimiento negativo del -3.3%, a causa de la crisis financiera internacional, y en los siguientes tres años creció en promedio al 5.7%. La recuperación ahora no sería tan acelerada pues la confianza tardará en recuperarse, pero la catástrofe aún puede evitarse. La condición clave, como lo dijimos la semana pasada en esta columna, y es válido para el FMI, es “que ninguno, pero absolutamente ninguno de los actores nacionales e internacionales, con incidencia en la problemática de Nicaragua, trasmita a Ortega que existe otra opción que el diálogo, la negociación y elecciones adelantadas”.

 

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