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Uno y otro silencio

Con la nueva violencia represiva, no solamente criminalizando la protesta pacífica sino incluso prohibiéndola, Ortega se ha movido inútilmente entre intentar imponer uno y otro silencio. Antes, los nicaragüenses rumiábamos nuestro silencio frente a sus abusos con indignación reprimida, hasta que estalló en protestas; ahora, con rabia reprimida, hasta que estalle nuevamente.

El tránsito entre indignación y rabia lo ha dado el gobierno con la represión sangrienta. En ese contexto, llama la atención que la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), en su primer manifiesto hecho público, haya reiterado que “nuestra lucha es cívica y pacífica” y que “la resistencia pacífica es protagonizada por la ciudadanía”, a la vez que haya insistido en lo que ha sido el rasgo esencial de esta verdadera insurrección ciudadana: la bandera nacional azul y blanco como símbolo de identidad, en la primera lucha política de la historia de Nicaragua en que no hay banderas partidarias.

El tránsito que el régimen de Ortega ha hecho de la indignación a la rabia de la población, no altera en absoluto la naturaleza pacífica de la reacción ciudadana. A la vez, en el manifiesto de la UNAB que estamos comentando, se reitera el llamamiento a la reanudación del diálogo nacional y elecciones anticipadas.

La trascendencia, en adición a lo mencionado, de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), es múltiple. En primer lugar, coincide con las demandas de la comunidad internacional en cuanto a solución pacífica y democrática, incluyendo la recientemente aprobada legislación en el Senado de los Estados Unidos que tiene ese objetivo, y se evitarían las sanciones anunciadas. La comunidad internacional, que ha aislado completamente al régimen de Ortega, no apoyaría otra opción. En segundo lugar, significa un paso adicional de mayor trascendencia en cuanto a la organización de la insurrección ciudadana, sin que la misma pierda su naturaleza autoconvocada. En tercer lugar, define la programática de un nuevo gobierno articulada en torno a la democracia y la economía de mercado, en un marco de justicia social. Y en cuarto lugar, un cambio revolucionario por medios pacíficos evitará gobiernos de caudillos, que tanto daño han hecho.

La UNAB, en su integración plural, anticipa la nueva Nicaragua que buscamos: respeto a la diversidad política, cultural, religiosa, étnica, y en todos los sentidos. La estabilidad autoritaria, monocorde, que Ortega ofrecía, ha llegado a su fin porque era una ilusión. Ese final era inevitable, aunque el momento nos haya sorprendido a todos, pero, y en este caso vale la sabiduría popular, el camino malo hay que andarlo pronto.

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