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Ortega lucha por lo imposible

Una buena forma de valorar la correlación de fuerzas en cualquier conflicto o negociación, es preguntarse no solamente por las que actualmente se tiene, sino por las que cada parte tendrá en el futuro. Las expectativas, en ese sentido, pasan a formar parte de la correlación de fuerzas verdadera.

La Conferencia Episcopal (CEN) ha convocado a las Comisiones del Diálogo Nacional para el lunes. Quienes ahí se sienten habrán de considerar no solamente cuántos tranques existen hoy y cuántos existían antes, que además son móvil; cuánto control territorial tengo hoy y cuánto tenía, que también varía; cuánta gente marcha hoy y cuánta marchaba antes, ya que es en más ciudades.

En esa valoración de fuerzas, las Comisiones deberán considerar los hechos desde la última vez que se reunieron. Los mismos hacen imposible la idea que con Ortega se recuperará “paz y estabilidad”, como corean desde el gobierno.

El único camino que Ortega tiene de recuperar control territorial es la represión armada, y mientras sube la cifra de muertos, heridos y perseguidos, más sube el resentimiento de la población y las condenas de la comunidad internacional, y más tranques y ciudades se suman a protestar.

Independientemente de valoraciones que se hacen a partir de viejas y nuevas polarizaciones políticas e ideológicas, la carta abierta del fundador y ex Jefe del Ejército Nacional, Humberto Ortega, apunta apropiadamente a los ejes principales del conflicto: desarmar a las fuerzas paramilitares de Ortega-Murillo, y anticipar las elecciones para 2019. Es decir, parar la represión y dar una solución democrática y constitucional a la crisis, como ha planteado la CEN y respalda la Alianza Cívica, que ha manifestado disposición al levantamiento de tranques si se detiene la represión.

La aplicación de la ley Magnitsky a tres altos funcionarios del gobierno, directamente implicados en violaciones a derechos humanos y actos de corrupción, tiene entre otras consecuencias que han sido destacadas, terminar con la idea, en cierta forma paralizante de la movilización social, que Ortega habría negociado su salida con los Estados Unidos.

La declaración del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos, en base a evidencia que recibió de sus delegados, apunta en una dirección significativa en términos de la comunidad internacional, crecientemente opuesta a la matanza de Ortega. Recuérdese que Naciones Unidas tiene la capacidad coercitiva de usar la fuerza para detener la matanza, si acaso el Ejército no desarma a la ilegal e irregular fuerza de paramilitares.

Mientras la comunidad internacional crecientemente rechaza la represión, la persecución interna a la Iglesia, bancos y empresarios demuestra, una vez más, que Ortega no entiende de apelaciones y razones, sino solamente de presiones.

Ortega, sencillamente, busca lo imposible con su gobierno: paz y estabilidad.

(Se autoriza y agradece su reproducción y circulación)

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