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Diálogo y… ¿a la vez, represión?

¿Cómo es posible, se preguntan algunas personas, que la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, continúe en el Diálogo Nacional, mientras Ortega continúa reprimiendo sangrientamente, siendo ésta la manifestación más evidente que no quiere el diálogo?

Precisamente, por esa razón: Ortega no desea el diálogo, pero debe aparentar que lo desea.

La lucha por la libertad y democracia de Nicaragua se está librando en varios campos, interrelacionados entre sí.

El terreno más importante es la calle, hasta abril llena de apatía pero desde entonces colmada de gente y patriotismo. En la calle se manifiesta la resistencia cívica de la casi totalidad de población nicaragüense en diferentes formas: marchas multitudinarias en Managua y otras ciudades; plantones; tomas de instalaciones universitarias; paros;  tranques y otras formas de desobediencia civil.

Frente a la calle, la respuesta gubernamental ha sido represión, ya que el orteguismo tuvo monopolio de la calle y control territorial absoluto, impidiendo toda protesta, por pacífica que fuese. De ahí su odio por los tranques, que son fundamentalmente defensivos, pero visualizan el control territorial que Ortega ha perdido.

Otro terreno es la comunidad internacional, y es imposible que ella y otros actores fácticos acepten una salida a la crisis que no sea pacífica, y de ahí que Ortega aparente dialogar mientras reprime.

En la medida que Ortega reprime, pierde la batalla en el campo de la comunidad internacional. Y aquí debe recordarse que la interrelación de calle, Diálogo Nacional y comunidad internacional,  impuso a Ortega que aceptara la venida de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), como también ha hecho posible que ayer se debatiera en el Consejo Permanente de la OEA el demoledor informe de la CIDH, el cual fue rechazado “de manera integral” por Ortega, aislándose aún más.

A través del diálogo, y la enorme autoridad moral de la CEN, el gobierno aceptó invitar al Alto Comisionado de Naciones Unidas para Derechos Humanos, la Unión Europea (UE), y otra vez a la CIDH y OEA, para que acompañen el proceso de seguridad y verificación.

Ortega quisiera que la calle se decidiera únicamente en el terreno que más conoce: la represión. Pero la presencia de la comunidad internacional limitará sus manos. Si Ortega insiste en la represión, la comunidad internacional tendrá que considerar otras formas de intervención humanitaria, porque lo más importante es parar la matanza, que raya en genocidio.

Calle, diálogo y comunidad internacional, están abriendo el camino de la solución pacífica que solamente puede ser elecciones anticipadas, como lo reiteró ayer la Secretaría General de la OEA, con apoyo de varios países. Solamente agregaríamos el clamor de la calle: elecciones anticipadas sí, pero sin Ortega, para que sean efectivamente democráticas.

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