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Deportes, salario mínimo y educación

¿Qué tienen que ver los deportes, el salario mínimo y la educación? Muchísimo.

Hace una semana, la Asociación de Cronistas Deportivos reconoció con una premiación a Ortega por la labor de su gobierno a favor del deporte, visibilizado recientemente por los Juegos Centroamericanos y la inauguración del nuevo estadio en Managua.

Enhorabuena por el deporte, y así lo reconoció uno de los mejores cronistas deportivos de América Latina, Edgar Tijerino, cuando en su columna periodística escribió, refiriéndose a la decisión de la Asociación: “No he votado por Daniel Ortega, pero eso no me impide reconocer el mayúsculo apoyo que le ha ofrecido al deporte pinolero, en diferentes formas”.

Al mismo tiempo, en los últimos días han sido noticias dos hechos que contrastan con el respaldo que el régimen antidemocrático de Ortega ha dado al deporte: por un lado, las negociaciones del salario mínimo, y por otro la educación, a raíz de un estudio del Banco Mundial, muy bien comentado en El Nuevo Diario por el ex Director de FUNIDES (Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social), Carlos Muñiz.

El estudio del Banco Mundial en resumen señala que el capital humano, que tanto depende de la educación de la población, es más importante para explicar el éxito económico de los países que el capital de recursos naturales. Como señala Muñiz, “Costa Rica tiene de lejos la mayor riqueza (en capital humano) por habitante de la región  -cuatro veces más que el resto-  mayor que el promedio de América Latina y muy cercano al promedio mundial. Su capital humano es su activo más importante”.

En términos de capital humano, Nicaragua tiene la quinta parte de Costa Rica. Eso significa que en términos de desarrollo económico la distancia entre ese país y Nicaragua se incrementará. Esto, sin duda, se reflejará también en la remuneración de los trabajadores ticos, incluyendo su salario mínimo.

Como los técnicos del gobierno y los empresarios del COSEP que se sientan en la mesa de negociaciones tripartitas del salario mínimo saben, los límites del salario mínimo, si queremos conservar controlada la inflación y los equilibrios económicos, están acotados por la productividad del trabajo, la cual depende en gran medida de la educación de los trabajadores. Desde luego, también depende de los recursos naturales y de las inversiones de capital, pero la capacidad de operar equipos y procesos tecnológicos depende de la educación de los trabajadores.

Y aquí de nuevo surge el problema democrático de Ortega. Si el gobierno fuese democrático, sus políticas públicas se reflejarían no solamente en los deportes, sino también en la calidad de la educación, de la que tanto depende la posibilidad de mayores ingresos, disminución de la pobreza y reducción de la insultante desigualdad.

Una vez más, a raíz del estudio del Banco Mundial, se han publicado numerosos artículos sobre la pésima calidad de la educación pública en Nicaragua. Un gobierno democrático, al someterse periódicamente a la opinión de los ciudadanos a través de los votos en elecciones libres, inevitablemente mejorará la calidad de las políticas públicas en todos los campos, y no solamente en aquellos que le merecen reconocimiento y aplausos a corto plazo.

¿Quieren los nicaragüenses mayores ingresos, y más capacidad de adquirir bienes y mejorar su nivel de vida? Pues bien, eso depende de una educación pública de calidad, en el marco de una economía de mercado abierta y competitiva.

Para mejorar las políticas públicas en todos los campos, de lo cual depende el nivel de vida de la población, los gobiernos deben someterse periódicamente a elecciones verdaderamente democráticas, pues el voto de los ciudadanos es el que premia o castiga el desempeño de los gobiernos.

En definitiva, el capital humano depende del capital institucional democrático, no siendo casualidad que los países que más se destacan en capital humano, Chile, Costa Rica y Uruguay, son todos democráticos.

Edgar Tijerino comenta del reconocimiento a Ortega en el deporte que ojalá lo familiarice “con una sensación que sería más satisfactoria, estirando la cobertura hacia todos, en todo”. Buen deseo pero difícil se cumpla, porque Ortega ha tenido once años de oportunidad de gobernar para todos, y solamente lo ha hecho para algunos.

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