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CONSTRUYENDO ESPERANZA

En 2006, después de casi dos décadas de ausencia de la política nicaragüense, me correspondió suceder a Herty Lewites como candidato de la Alianza MRS a la presidencia de Nicaragua, después de su trágica e inesperada muerte.

El programa que se preparó para esa campaña puede resumirse así: Nicaragua, para su prosperidad con equidad,  necesita más y mejor Estado, y más y mejor mercado.

Hoy se celebra la Convención Nacional del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), bajo el título de este artículo, “Construyendo Esperanza”.

En el contexto de una Nicaragua que desde 2006 ha continuado creciendo, pero subsisten enormes déficits económicos y sociales, y ha derivado a un régimen autoritario, “dictaduras del siglo XXI” como se les suele llamar, y que además ha otorgado una concesión canalera con derechos de confiscación en todo el territorio nacional, cobra sentido la propuesta programática del MRS, que será discutida en su Convención Nacional, de impulsar “la construcción de una Nicaragua Linda, con oportunidades, progreso, solidaridad, democracia y soberanía”.

En su eje articulador de lo político, económico y social, la propuesta programática del MRS mantiene su fidelidad al principio que Nicaragua requiere, para su prosperidad con solidaridad en democracia, más y mejor Estado, y más y mejor mercado.

Cuando se piensa que la cobertura educativa no cubre a la totalidad de la población de primaria, y menos aún de secundaria, y que la calidad es de las más atrasadas del hemisferio, es obvio que necesitamos más y mejor Estado.

Cuando nos damos cuenta que para resolver temas de lo tuyo y lo mío, y la inseguridad jurídica a que expone el sistema solamente se resuelve regateando favores políticos, y hay impunidad frente a la corrupción, necesitamos más y mejor Estado.

Cuando los oficiales del ejército y la policía, y todos los funcionarios públicos, se dan cuenta que para ascender en el escalafón no bastan los méritos profesionales sino la lealtad partidaria y personal, y cada vez dependen más de remuneraciones extralegales para mantener su nivel de vida, necesitamos más y mejor Estado.

Cuando empresarios grandes y pequeños, y consumidores, nos damos cuenta que pagamos la tarifa más alta de electricidad de Centroamérica, por la colusión de intereses entre gobernantes y generadores, que son los mismos, nos damos cuenta que necesitamos más y mejor Estado, y más y mejor mercado.

Cuando el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), está en crisis, por mala administración e insuficiente cobertura, y la creciente población envejecida de Nicaragua no tendrá ni pensión ni cobertura médica, obviamente que hace falta más y mejor Estado.

Cuando la cobertura crediticia, o bancarización como se llama técnicamente, no cubre a la inmensa mayoría de medianos, pequeños y microempresarios, hace falta más y mejor mercado.

Cuando el 15% de la población ha tenido que emigrar, para ayudar con sus remesas que representan casi el 10% del ingreso nacional para ayudar a sus familias, es necesario que haya más y mejor mercado que genere oportunidades para que los nicaragüenses no tengan que emigrar.

Cuando una parte muy importante de propiedades no pueden darse en garantías de crédito, ni son transables, por falta de títulos de propiedad, y de hecho están fuera del mercado, hace falta más y mejor Estado, y más y mejor mercado.

Son muchos más los temas que podríamos plantear para demostrar que necesitamos más y mejor Estado, y más y mejor mercado. La gran pregunta es si acaso esto es posible con el Orteguismo que justo ha hecho todo lo contrario, fomentando la corrupción, eliminando la seguridad jurídica, entendiéndose selectivamente con los empresarios, y acumulando tensiones para mayores conflictos. La respuesta es, desde luego, no.

En la Convención del MRS no se discutirá solamente la plataforma programática, sino también la estrategia para alcanzarla. Y aquí destaca la búsqueda del más amplio consenso nacional, que incluye desde luego al sandinismo en su concepto más amplio, para alcanzar esa Nicaragua “con oportunidades, progreso, solidaridad, democracia y soberanía”.

Esa estrategia hace todo el sentido del mundo: sin pretender que haya unanimidades, que solamente existen en el totalitarismo pero no en democracia, la convocatoria suma, no resta.  De esa Nicaragua que soñamos, somos responsables todos.

 

 

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