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Costos del radicalismo y erratismo

La decisión del Presidente Trump de retirar a los Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, alcanzado en diciembre de 2015, está dominando las noticias internacionales.

La decisión forma parte de lo que se ha venido en llamar patriotismo económico de Trump, con innegables elementos de xenofobia y por tanto inseparable de su política migratoria. Con esa y otras decisiones apela a sus votantes, muchos de los cuales se sienten afectados por la globalización. De ese patriotismo económico forma parte el abandono de la Asociación Transpacífico (TPP), tratado comercial que vincularía a países que representan casi la mitad de la producción económica mundial, y el también enfrentamiento por razones comerciales con Canadá, México, Alemania y la Unión Europea.

Pero mientras las interrogantes globales que despierta la política de Trump sacuden al mundo, Venezuela continúa convulsionada por la gesta política ciudadana y pacífica más importante que el hemisferio ha tenido en muchas décadas. La sangrienta reacción represiva del régimen del Presidente Maduro, clama solidaridad, pero eso no ocurrió en la reciente reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA).

La incapacidad que mostró la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA el pasado miércoles, en Washington, para ni siquiera adoptar una Declaración, es en parte también resultado del radicalismo y erratismo (porque también el presidente Trump ha abandonado algunos temas de su campaña electoral, como decir que China manipula su moneda) de su política internacional.

La incapacidad de la reunión de la OEA de adoptar una Declaración, que incluía un ofrecimiento de gestión amistosa por un grupo de países, para impulsar un diálogo entre gobierno y oposición que fuese verificable, y por tanto creíble para la oposición, se explica fundamentalmente por la reticencia de los países del Caribe y algunos, férreos defensores de Maduro, como Nicaragua. Era un texto suave, que deploraba la convocatoria de Maduro a una Constituyente (bajo sus propios términos y no los que establece la constitución) y demandaba medidas de confianza como la liberación de los presos políticos, pero lo suficientemente fuerte para irritar al gobierno de Venezuela que quiere un diálogo bajo sus propios términos y condiciones. La oposición, en cambio, está dispuesta a un diálogo que, previas medidas de confianza, entre ellas la de los presos políticos y el respeto a las facultades de la Asamblea Legislativa que los venezolanos eligieron, demuestren que no es simplemente para ganar tiempo a favor del gobierno.

Y aunque la correlación de fuerzas en América Latina y el Caribe ha cambiado en contra del gobierno tiránico de Venezuela, y la capacidad de ese país de mantener los suministros petroleros al Caribe ha disminuido drásticamente, incluso a Cuba, subsisten las consecuencias del radicalismo, erratismo e indefinición de la política internacional de Trump.

Veamos. Independientemente de las diferencias políticas e ideológicas con Cuba, este país tiene una influencia determinante en Venezuela, y en menor medida en algunos países del Caribe, entre otras razones por la influencia de Cuba en Venezuela.  Y el Presidente Trump ha amenazado, y el gobierno cubano así lo siente, con revertir la política de normalización de relaciones que Cuba y Estados Unidos iniciaron en 2014, y se visibilizó con la reunión de Raúl Castro y Obama en la Cumbre de Las Américas de abril de 2015 en Panamá.

No es seguro, ni nadie lo podría afirmar con certeza en uno u otro sentido, pero si el proceso de normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos se mantuviera, la gestión amistosa de la OEA podría haber tenido otro destino.

Pero, para complicar aún más las cosas, China y Rusia han adquirido, a cambio de muchos préstamos, derechos muy importantes sobre las amplias reservas de petróleo de Venezuela, con lo cual la ausencia de definiciones de política internacional norteamericana para América Latina, salvo la conflictiva con Cuba y México, complican la tragedia que enfrenta el pueblo venezolano.

Pero de una cosa pueden estar seguros todos los actores involucrados en Venezuela, en especial sus fuerzas armadas, chavismo y oposición: el erratismo, radicalismo e indefinición de los Estados Unidos puede alargar la vida del régimen de Maduro, pero no su sobrevivencia.

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