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Contagio paranoico

Hace escasos dos meses, el 19 de abril, en este diario publicamos un artículo titulado “Nuestro único riesgo de confrontación”. Lamentablemente, algunas de sus previsiones se han cumplido, y eso sin saber, por ausencia de información, las causas de la abrupta salida de la misión de la OEA.

En el mismo hacíamos un recuento de los delirios geopolíticos de Ortega, incluyendo el reconocimiento de la independencia de Abjasia y Ossetia del Sur (siendo que solamente Rusia, Nauru, Venezuela y Nicaragua lo hacen), y de sus arrebatos dictatoriales que han conducido a que no haya elecciones libres, ni independencia de poderes, ni autonomía municipal, ni derecho de organización y manifestación, ni el menor asomo de Estado de Derecho.

En la parte conclusiva señalábamos que “los coqueteos geopolíticos de Ortega son consecuencia directa del ejercicio sin balances de su poder autoritario”.

Y nos preguntábamos, “¿Qué puede hacer que cambie (Ortega) el rumbo, para que no someta a Nicaragua al único riesgo de confrontación que realmente enfrenta?” Y nos contestábamos que era irrelevante, y lamentable desde el punto de vista democrático, lo que pudieran decir y hacer los partidos políticos de oposición, las organizaciones de la sociedad civil, la Conferencia Episcopal, y los pocos medios de comunicación independientes que aún queda. Y afirmábamos que una de las voces que sí escucharía Ortega sería las de los voceros de los gremios económicos.

Pero el hecho más relevante de la semana que termina no es que esos voceros se hayan pronunciado sobre la ley presupuestaria de los Estados Unidos, que obligaría a su gobierno a votar en contra de los empréstitos a Nicaragua en los organismos financieros internacionales, por reconocer la independencia de Abjasia y Ossetia del Sur. Tampoco se han pronunciado por la aprobación unánime del proyecto de ley Nica Act en el Subcomité de Asuntos Hemisféricos de la Cámara de Representantes, que afectaría negativamente a la economía. Mucho menos se han pronunciado por la colusión de intereses entre generadores, distribuidores y gobierno, que condujo al alza de la energía afectando a miles de empresarios que dicen representar. Ni tampoco han dicho una palabra sobre la afectación al clima de inversión, o la salida de la misión de la OEA.

No.

El pronunciamiento más relevante de esos voceros, en lo que parece un contagio de la paranoia conspirativa, intolerante y autoritaria del gobierno, ha sido denunciar lo que llaman “campaña de descalificación de algunos periodistas y medios de comunicación sobre nuestro quehacer institucional…” Y aunque en un gesto de fingida elegancia se han negado a “personalizar” a los autores de la campaña, voceros menores se han encargado de señalar a La Prensa y al periodista Carlos Fernando Chamorro, que son de los pocos medios independientes que el Orteguismo permite, junto a Radio Corporación.

De la velada censura que están tratando de imponer, los medios aludidos han contestado. Solamente quisiera comentar un aspecto del pronunciamiento de los voceros de los gremios económicos.

“La actual campaña, que recurre a fuentes anónimas…”, dicen en una parte relevante del pronunciamiento, tratando de ilegitimar en el supuesto anonimato las afirmaciones que esos medios de comunicación han hecho, en vez de controvertirlas desde un ejercicio de pluralidad y tolerancia. A nadie, por ejemplo, en los Estados Unidos, se le ocurre negar la trama del involucramiento ruso en la campaña electoral, y todos los reportajes de los principales medios  –Washington Post y New York Times, incluidos-  han sido en base a fuentes anónimas. ¿Se imaginan qué ocurriría a un empresario si se identifica al denunciar la competencia desleal que enfrenta, o expresa opinión por el rumbo del país? ¿O a quién filtró información de la corrupción en el Seguro Social, en colusión con el representante de esos voceros de los gremios económicos en el Directorio del INSS? ¿O a quien denunció la trama de corrupción en la Dirección General de Ingresos? Y podríamos mencionar muchos casos más.

En conclusión, el aparente contagio de la paranoia intolerante, autoritaria y conspirativa del gobierno ha terminado jugando una mala pasada al Presidente del COSEP, quien ha buscado respaldo institucional frente a una campaña inexistente, porque no se recurre a búsqueda de apoyos cuando se tiene la convicción de los argumentos.

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