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MuñequitoInsano contraste

El balance de la semana que termina, en el plano internacional, ha sido bastante positivo. Y hablamos de balance, es decir, suma y resta de activos y pasivos. Subsiste el desgarro sangriento en Oriente Medio, pero la no tan sutil aproximación entre Estados Unidos y Rusia sobre el régimen sirio, respaldada por importantes potencias europeas, y el principio de Acuerdo de la Unión Europea, encabezado por la audaz y solidaria posición de la Canciller alemana Ángela Merkel, para el tratamiento del torrente de refugiados sirios, hacen que no solamente se vea la sangre del drama.

Los resultados de la elección griega, con la reelección de Alexis Tsipras, que significa un mandato para ejecutar un plan de reestructuración y saneamiento de la economía, aleja los riesgos que tuvieron en vilo la recuperación económica europea y la sobrevivencia del euro, y llega en el momento en que otro gran motor de la economía mundial, China, ha entrado en problemas.

De este lado del mundo, la gira del Papa Francisco por Cuba y Estados Unidos ha subrayado también un conjunto de buenas noticias.

En primer lugar, la creciente normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

En segundo lugar, la abogacía Papal ante el propio Congreso de los Estados Unidos, por temas de inmigración y del cambio climático, en que el Presidente Obama ha tenido una posición audaz.

En tercer lugar, la participación del Papa en la Cumbre de las Naciones Unidas para adoptar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esa Cumbre -una más, al extremo que se habla de un cierto “cansancio de las Cumbres”- habría pasado bastante desapercibida sin la atención que genera la presencia del Papa Francisco.

Los ODS sustituyen a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que se adoptaron en la ONU al iniciarse este siglo. Los ODS, igual que los ODM, son una guía para el desarrollo, pero con diferencias entre las cuales cabe destacar tres. Vinculan tanto a países desarrollados como en desarrollo; tienen un gran énfasis en la sostenibilidad, especialmente ambiental, y finalmente suponen inclusividad de toda la sociedad en su logro y en sus beneficios, y transparencia en su medición.

Esa Cumbre en Nueva York antecede a la del cambio climático del próximo diciembre en París, que ya tiene el viento de cola de que los dos grandes países emisores de gases contaminantes, China y Estados Unidos, han asumido compromisos de gran envergadura para limitar las emisiones. Sin duda que la presencia del Papa en la ONU, antecedida de su Encíclica Verde (“Laudato sí”), aumentará el viento de cola con el cual se llega a París.

Finalmente, en el balance internacional tan positivo, debe inventariarse que las negociaciones entre gobierno y guerrilla de Colombia han entrado en una fase final. El principio de acuerdo sobre justicia transicional consolida el aspecto central de la negociación: la guerrilla abandona las armas y pasa a ser una fuerza política que competirá dentro del proceso democrático.

Todo lo anterior, en el plano internacional, tiene un insano contraste con lo ocurrido últimamente en Nicaragua.

Irrespetando la propia normativa legal que Ortega impuso en base a la mayoría calificada que también impuso mediante un gigantesco fraude electoral en 2011, despojó de su diputación a su ex aliado el dirigente indígena Brookling Rivera. Si semejante irrespeto al proceso democrático fuese el futuro de la guerrilla en Colombia, no se desarmaría.

Hay varios muertos en el conflicto de tierras en las comunidades indígenas del Caribe norte. Concurren varias razones, pero una sin duda es la dinámica depredadora del bosque vinculada a círculos orteguistas. Esta depredación está cambiando el clima de comunidades rurales, pueblos y ciudades, como se ha reportado a propósito de fuentes de agua que se extinguen.

Y en un proyecto de potencial gran impacto a nivel mundial, el canal, su estudio ambiental fue “consultado” a puertas cerradas entre militantes del partido orteguista.

Es decir, mientras en el mundo se habla de sostenibilidad ambiental, solidaridad, inclusión, participación en procesos democráticos, en nuestro país ocurre lo contrario.

¡Menudo e insano contraste!

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