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Mundo

Venezuela: una posible salida

La predominante influencia del gobierno de Venezuela en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), no debe llamar a engaño al Presidente Nicolás Maduro. La verdad no está en los pasillos diplomáticos de Washington, sino en las calles de su país. Por lo demás, e independientemente de las incidencias del Consejo Permanente, la diputada María Corina Machado ha llevado la voz del pueblo venezolano a la capital de los Estados Unidos y, en verdad, a esa vitrina se ha asomado toda la comunidad internacional. Que a la diputada Machado le haya acompañado la madre de la jovencita Geraldine Moreno, asesinada en Carabobo cuando un disparo de escopeta le llenó la cara de perdigones, ha subrayado la terrible represión que enfrenta el pueblo venezolano.

Aunque el Presidente Maduro solamente intenta un diálogo limitado, que no pone en agenda las demandas políticas y económicas  de la oposición, lo cierto es que la situación de Venezuela solamente tiene una salida, y esa salida es negociada.

En los últimos días se han redoblado los llamados a la negociación. Incluso la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), que enviará una misión de Cancilleres, ha abierto esa posibilidad. Lo mismo ha dicho el Cardenal Urosa, Presidente Honorario de la Conferencia Episcopal venezolana. Y el influyente empresario, Gustavo Cisneros, incluso ha propuesto que el mediador sea el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, que fue Nuncio en Venezuela.

Si la negociación para salir de la crisis es la única opción, un punto de encuentro entre el chavismo y la oposición, y entre los líderes de la oposición, sería la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Así lo expresó Leopoldo López, el líder encarcelado, en una reunión que sostuvimos hace pocos meses en Costa Rica para construir, desde una perspectiva progresista, un proyecto de “Solidaridad Democrática” entre quienes nos oponemos a los llamados “Socialismos del Siglo XXI”. En efecto, el artículo 348 de la Constitución de Venezuela contempla la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente si lo solicita el Presidente Maduro, o bien “el quince por ciento de los electores y las electoras inscritas en el registro civil y electoral”.  

El referendo revocatorio, otra opción, no es deseable. En primer lugar, hay que esperar hasta la mitad del período de Maduro, es decir, 2016. La crisis no aguanta para tanto. En segundo lugar, en un referendo una parte gana todo y la otra pierde todo, de modo que la división polarizada del país, por mitades, continuaría. En una Asamblea  Constituyente todos ganarían y perderían algo. El compromiso sería inevitable, toda vez que tanto el chavismo como la oposición son relativamente plurales, y las múltiples alianzas posibles harán inevitable la negociación y el compromiso.

Una Asamblea Constituyente deberá conducir a una redefinición del actual modelo de Estado que de cuenta, como mínimo, de dos extremos: la inclusión social que ha propiciado el chavismo, y las demandas de Estado de Derecho Democrático que enarbola la oposición. La gigantesca riqueza petrolera y el potencial productivo de Venezuela da suficiente holgura para compatibilizar esos extremos, en una convergencia de equidad, economía de mercado y democracia liberal.

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), donde se aglutina la oposición, no tiene obstáculo en acoger las reivindicaciones de los sectores populares. De hecho, las dos corrientes fundacionales de la oposición al chavismo, la socialdemócrata y la socialcristiana, tienen a la justicia social en su eje ideológico, aunque sus gobiernos previos al chavismo condujeron en la práctica a una desigual distribución de la renta nacional. El chavismo, en cambio, que ha favorecido la inclusión social y, a la vez, la creación de nuevas élites económicas rentistas  -como en Nicaragua, por cierto-  pero bajo un modelo insostenible económicamente, tiene más dificultades en aceptar las demandas democráticas de la oposición. Así que en Venezuela, sin otra salida que no sea la negociación, Maduro tiene la palabra.

Doble Moral

La doble moral de los gobiernos que respaldaron a Venezuela para que la sesión del Consejo Permanente en que hablaría la diputada María Corina Machado fuese a puerta cerrada, ha quedado en evidencia. Por iniciativa del gobierno de Ortega, se intentó trasladar a la sede de la OEA la férrea censura que el gobierno de Venezuela ejerce sobre todos los medios de comunicación en su país. Y decimos intentó pues si bien la sesión del Consejo Permanente fue a puerta cerrada, nada ha impedido que la voz de la diputada Machado truene a través de todos los medios de comunicación internacionales.

Cuando el golpe de Estado al Presidente Zelaya en Honduras, el gobierno chavista cedió su silla para que desde la delegación de Venezuela hablara la Cancillera de Zelaya, Patricia Rodas. Nadie intentó que esa sesión fuese a puerta cerrada. La doble moral es obvia.

Como también es obvia la doble moral del gobierno de Ortega, que respaldó al de Venezuela para que ejercitara la censura en el seno de la OEA. En junio de 1978 Panamá, como ahora lo ha hecho con la diputada venezolana, cedió una silla en su delegación para que desde ahí hablara en nombre del FSLN contra el régimen de Somoza quien después sería el Canciller en el gobierno sandinista de los años 80, Miguel D´Escoto.

Que no se tapa el sol con un dedo, ha quedado una vez más en evidencia. Y el tiro ha salido por la culata al gobierno chavista y sus acólitos, porque el intento de censura solamente ha servido para llamar más la atención sobre lo que la diputada Machado tenía que decir.

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