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Mundo

Rusia nos considera patio trasero de los Estados Unidos

Por declaraciones del Ministro de Defensa de Rusia, Sergei Shoigu, nos hemos enterado los nicaragüenses que el gobierno de Ortega ha sostenido negociaciones para que esa potencia euro-asiática tenga instalaciones militares en Nicaragua (se habla de bases, estaciones de reabastecimiento para aviones militares, etc). “Estamos en conversaciones y próximos a alcanzar resultados”, dijo el funcionario ruso, según se reporta en las noticias escritas de la BBC de Inglaterra.

Independientemente de que hay una prohibición explícita para tal fin en la Constitución de Nicaragua  -aunque ya sabemos que la legalidad le importa poco a Ortega-  es, por decir lo menos, vergonzoso, que de semejante negociación que puede, como veremos, tener enormes consecuencias negativas para nuestro país, nos enteremos por declaraciones de funcionarios extranjeros y no por el gobierno de Nicaragua.

Hasta ahora las autoridades del gobierno de Ortega se han limitado al silencio, o a decir que no conocen las declaraciones del funcionario ruso. Pues bien, el gobierno de Ortega tiene al respecto dos caminos: desmiente categóricamente al gobierno de Rusia, o explica a los nicaragüenses y la comunidad internacional los alcances de esas negociaciones, para que todos conozcamos a qué atenernos.

Sin embargo, lo más hiriente es que, en el fondo, Rusia nos trata como patio trasero de los Estados Unidos. En efecto, varios analistas de temas geopolíticos creen que, aunque sin duda ha habido conversaciones al respecto, Rusia no está hablando en serio de esas instalaciones militares, por lo menos a lo inmediato. Olga Oliker, del Centro de Políticas de Defensa de la Corporación Rand, dice coincidir con Moisés Naím, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, en que “todo tiene que ver con Ucrania”. Agrega Naím: “Tiene que ver con la idea de reafirmar ante los rusos el gran proyecto de Putin de hacer de Rusia un gran jugador mundial….”  y concluye: “tiene más de teatro y de política interna que de geopolítica”.

Como se sabe, Rusia ha sufrido un importante revés en Ucrania, a quien considera su “patio trasero”, y por tanto el anuncio de Shoigu es un simple mensaje a los Estados Unidos: si ustedes siguen metiéndose en nuestro “patio trasero”, nosotros nos meteremos en su “patio trasero”. ¡Qué vergüenza, pese a todos los enjuagues que el gobierno de Ortega se hace con el tema de la soberanía!

Hay, sin embargo, algo peor: aunque para los rusos se trata de teatro, para Nicaragua puede tener grandes costos este afán de Ortega de intentar jugar un gran papel en la geopolítica mundial: primero, hará que el tema del canal interoceánico se ponga aún más en términos de un ajedrez geopolítico que de un proyecto de desarrollo económico de nuestro país. Segundo, proyectará una imagen de belicosidad y “buscapleitos” que puede tener consecuencias negativas para la percepción de nuestro país en momentos que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dirime litigios con Colombia y Costa Rica.

Ortega aprendió varias lecciones de los años ochenta, pero no parece haber aprendido la principal: otros, como Rusia, pueden en su beneficio intentar el papel de gran jugador mundial, pero esa derivación del mesianismo de Ortega solamente puede tener costos para Nicaragua.

Semejanzas y diferencias con Cuba, Ecuador y Venezuela

En varios foros internacionales he tenido oportunidad de aclarar que, aunque en términos generales y más por razones de brevedad periodística, se tiende a poner a Nicaragua junto con Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela, bajo la misma etiqueta de “Socialismos del siglo XXI” y, en efecto, hay muchas notables semejanzas, también hay notables diferencias.

Las noticias de esta semana han suministrado material para analizar algunas de esas semejanzas y diferencias.

Las declaraciones del Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, General John Kelly, en el sentido que la convulsión de Venezuela podría afectar el flujo de petróleo hacia los beneficiaros de Petrocaribe, llevó a preguntarse  por las consecuencias de ese evento en países como Cuba y Nicaragua.

Nicaragua, en verdad, es un remedo de democracia. Más parece una dictadura institucional, que puntualmente ha usado la fuerza para reprimir violentamente. Cuba, en cambio, es un país soviético del siglo XX. Y aunque Cuba, macroeconómicamente, depende más del petróleo venezolano que Nicaragua y también para el mantenimiento de su régimen, también el petróleo venezolano ha sido el factor clave para la consolidación del poder de Ortega.

A semejanza de Venezuela, Ortega usa y usará más la violencia paramilitar y militar para reprimir. Si no lo ha hecho es porque no enfrenta una resistencia armada, o masivas manifestaciones de protesta en las calles como en Venezuela. Hace pocos días el presidente de este país, Nicolás Maduro, convocó a sus fuerzas paramilitares motorizadas  (motocicletas) a lo que llamó Gran Marcha por la Vida y la Paz. ¿Suena familiar, verdad? A diferencia de Venezuela, en Nicaragua, y porque Ortega aprendió lecciones de los ochenta, no hay control de cambio, inflación galopante y desabastecimiento masivo, aunque hay el sutil racionamiento del mercado porque casi la mitad de la población todavía siempre permanece en niveles de ingresos que apenas dan para comer o mal comer.

Pero las protestas en Venezuela no solamente son por esas razones: la falta de libertades y la corrupción, también ha sacado a la gente a la calle. Y aquí hay una notable semejanza entre ese país y Nicaragua. Basta ver las denuncias en esta semana de adjudicaciones dudosas de contratos en el Ministerio de Educación, la empresa aguadora (ENACAL) y el Instituto de Viviendas (INVUR), a un diputado suplente del orteguismo. Y el gobierno, ni se inmuta. Esa impunidad de la corrupción ha sacado gente a la calle en Venezuela y, en algún momento, la sacará en Nicaragua.

A su vez, de Ecuador nos llegó la noticia de las elecciones municipales. Los votos, hasta ahora, se cuentan bien, lo que no ocurre en Nicaragua, y el gobierno de Correa aceptó la derrota en importantes plazas como Cuenca, Guayaquil y Quito, la capital, entre otras. ¿Recuerdan lo que pasó en las municipales de Nicaragua en 2008, en que el orteguismo no solamente no reconoció, sino que se robó las Alcaldías de Managua, León, Masaya, Juigalpa, Jinotega y casi 40 municipios más?

Esta semana, también, se publicaron ostentosas gráficas de militares custodiando el material electoral para las elecciones regionales de mañana en la Costa Atlántica. Son fotos para la publicidad, como si el corrupto Consejo Electoral (CSE) organizara con escrúpulo las elecciones. Ese escrúpulo lo debiera tener el CSE para cedular, dejar acreditar a fiscales de la oposición y contar bien los votos, como también nos gustaría ver a los policías y militares impidiendo la violencia de las turbas paramilitares expulsando fiscales de la oposición en los centros de votación e intimidando a los votantes.

Como se ve, hay importantes diferencias y semejanzas entre los países del “Socialismo del siglo XXI”, con un denominador común: todos están en el lado equivocado de la historia.

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