Tags

, , , , , , , , , , , , , , , , ,

El pulso

Cifras monetarias del dolor familiar

Hace pocos días se hizo público, en base a cifras del Banco Central de Nicaragua, que en los seis años del gobierno de Ortega (2007-2013) las remesas que envían los nicaragüenses que han emigrado se incrementaron casi un 50%, pasando de 700 millones de dólares anuales a más de 1,000 millones.

Como al mismo tiempo, y hay numerosos estudios internacionales que lo comprueban, el promedio de cada remesa se ha reducido dada la crisis que arrancó en 2008 y que ha afectado a algunos de los principales países que son el origen de nuestras remeses, como Estados Unidos y España, e incluso Costa Rica ha tenido un crecimiento modesto, la única explicación de que el monto total de las remesas se haya incrementado tan notablemente, es que el número de nicaragüenses que emigran han continuado creciendo y aceleradamente.

Esa es otra manera de llegar a la misma conclusión que revelan todas las encuestas: el principal problema que enfrentan los nicaragüenses es la falta de empleos, problema que no se ha resuelto. Y en efecto, hay otra manera de mirarlo: gran parte de las inversiones, en especial las extranjeras, con las cuales el gobierno y sus epígonos se hacen agua la boca son en sectores muy necesarios  -como telecomunicaciones, energía, minería-,  pero que en general  no generan muchos empleos. Hay desde luego otras inversiones, como la construcción y zonas francas, que generan muchos empleos, pero a la vez son sectores muy vulnerables a los ciclos económicos.

Ya hemos comentado en otras cosas ocasiones todo el dolor familiar que está detrás de las remesas: padres que se han ido dejando a esposas e hijos; madres que también se han ido, y atrás quedan hijos y familiares. O jóvenes a quienes sus padres ven partir sin saber si volverán a verles.

Pero hay otra dimensión. La muy ligera reducción en la pobreza que se aprecia en las encuestas y algunas cifras oficiales, con las cuales también se hace agua la boca el gobierno, se ha debido en buena parte al impacto positivo que las remesas tienen en el consumo de las familias pobres. Es decir, se continúa acentuando el perfil de ser un país “pobre-exportador”. Qué triste, y cabe preguntarse: si los nicaragüenses “viven bonito”, ¿por qué tantos se van del país?

¿Recuerdan los rótulos de Ortega en la campaña del 2006? “Hambre Cero, Desempleo Cero”, decían. Bueno, puede volver a ponerlos ahora que con las reformas constitucionales pretende ser Presidente una y otra vez, y veremos cuántos se lo creen.

Repunte de precios del café

En buena hora las noticias de los últimos días señalan un repunte en el precio del café. Y aunque un gran daño está hecho pues la reducción en la producción ha sido drástica, y una gran parte de la cosecha 2013-2014 se ha vendido, una ventana de esperanza se abre para los miles de productores y sus trabajadores.

Y mientras se continúan lidiando con los problemas que la reducción de la producción y los precios han causado, algunas lecciones quedan.

La primera, que los momentos en que los precios suben, y hay márgenes de ganancia, una parte de los ingresos deben ser utilizados para labores que incrementen la productividad, en especial renovar los cafetales con variantes más resistentes a la roya y otras plagas. Recuérdese que sin en algún sector existe lo de ciclos de vacas gordas y ciclos de vacas flacas, es el cafetalero.

Segundo, que los bancos y financiadores deben considerar el precio del café en perspectiva, y adoptar las medidas que permitan procesar las insolvencias temporales de algunos productores teniendo en cuenta la progresiva recuperación de la capacidad de pago de sus deudores. En definitiva el negocio crediticio es prestar y recuperar lo prestado.

Tercero, que los productores tomen conciencia que les toca “rascarse solos”, pues de este gobierno no pueden esperar nada, como no hizo nada en los dos años anteriores desde que a mediados del 2012 se dieron las primeras voces de alarma de la roya.

Pero el reciente repunte de los precios del café, que ojalá sea permanente, no evitará algunas de las peores consecuencias de la crisis precedente, pues decenas y decenas de miles de cortadores dejaron de percibir ingresos y la amenaza de hambre y otras carencias en vastas zona rurales, en especial algunos puntos del trópico seco de los departamentos de Matagalpa, Estelí, Madriz y Nueva Segovia, de dónde salen la mayor parte de cortadores, requieren de una atención de emergencia que solamente el gobierno la puede dar. Esperemos.

Pero hay otra lección: de la crisis cafetalera quienes nos oponemos al gobierno de Ortega hemos alertado, hemos advertido de sus consecuencias, pero no hemos tratado de sacar provecho político. Esta es una importante diferencia de la forma de hacer política. Porque Ortega, cuando estaba en la oposición, no esperaba que hubieran crisis para sacarles provecho, sino que las provocaba.

Elecciones en Costa Rica y El Salvador

El domingo pasado se realizaron elecciones presidenciales en Costa Rica y El Salvador que, a diferencia de las nuestras, pueden considerarse ejemplares.

En ninguno de los dos países se cuestionó el padrón electoral, y ningún ciudadano se quejó de la falta de cédula.

En ninguno de los dos países se cuestionó a las autoridades electorales.

En ninguno de los dos países se impidió a los partidos de oposición tener fiscales en las mesas de votación, y en toda la cadena del sistema electoral.

En ninguno de los dos países el Consejo o Tribunal electoral permitió que los medios del Estado se ocuparan para hacer proselitismo político a favor del partido de gobierno.

En ninguno de los dos países hubo violencia callejera.

En ninguno de los dos países se cuestionó el conteo de los votos, y aunque en El Salvador el candidato del Farabundo Martí no ganó en primer vuelta por apenas el 1%, y en Costa Rica la diferencia entre el primero y el segundo lugar también fue también del 1%, en ninguno de los dos casos se reclamaron los resultados.

Las diferencias con Nicaragua no pueden ser más evidentes.

Pero en Costa Rica hubo otra diferencia: todos los candidatos tuvieron más de una decena de debates. Hay quienes explican el triunfo de Luis Guillermo Solís, entre otras razones, porque en esos debates resultó más convincente sobre las razones que lo motivaban y lo que se proponía hacer como Presidente.

Aquí en Nicaragua, el eterno candidato Daniel Ortega nunca ha aceptado debatir. Y ahora como Presidente, tampoco acepta que se le hagan preguntas.

Si cuando fue candidato hubiera dicho que iba a reformar la constitución y el código militar, que iba a manejar la cooperación venezolana como dinero de su bolsillo, que muchos proyectos y concesiones se iban a adjudicar sin licitación, que iba a correr a todos los empleados públicos que  no eran de su partido, que él y su argolla se iban a volver inmensamente ricos, ¿cuántos habrían votado por él?

Otra diferencia con nuestros países vecinos, y no poca diferencia.

 

Advertisements