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Mundo

Lecciones de Chichigalpa

Son muchas las lecciones que se pueden extraer del saldo trágico, un muerto y también heridos, del enfrentamiento hace una semana en Chichigalpa entre enfermos de Insuficiencia Renal Crónica (IRC), familiares y vecinos,  y la Policía Nacional.

La primera lección es que ante un caso que parece ser de salud pública, que lleva varios años de estar en los medios de comunicación, ni éste ni anteriores gobiernos, han tomado nota del mismo. Sencillamente, el padecimiento de muchos nicaragüenses y sus familias ha sido ignorado. Si el gobierno hubiera acogido el caso como de salud pública, pues afecta a muchos en una región muy amplia de cañaverales, en la cual el Ingenio San Antonio no es el único pero si el más grande de los productores, se podría haber formulado una política pública para enfrentarlo, y esa política pública debería haber contemplado, al menos, el estudio de las causas de la enfermedad, medidas para su prevención, los tratamientos médicos, el financiamiento de los mismos y, si caben, de las indemnizaciones correspondientes, así como la delimitación de responsabilidades frente a esos costos.

El gobierno olímpicamente miró hacia otro lado, dejando un caso de salud pública en el ámbito de las reclamaciones obrero-patronales que, por cierto, y desde que existen las legislaciones sociales, entre ellas el Código del Trabajo, cuya normatividad, incluyendo los mecanismos de solución de conflictos, son responsabilidad del Estado

Esa es la primera lección. No se debe dejar que casos de salud pública se resuelvan, o se intenten resolver, como casos privados.

La segunda lección es que Ortega, siendo oposición y también ahora como gobierno, ha conducido a que el legítimo derecho de protesta en la calle derive en métodos  -piedras, garrotes y morteros-  que inevitablemente arriesgan a una confrontación violenta. Está fresca en la memoria el episodio de jóvenes que protestaban pacíficamente en las inmediaciones del edificio del Seguro Social y fueron  reprimidos por los grupos paramilitares del Orteguismo a vista y paciencia de la Policía Nacional.

Esa es, precisamente la tercera lección. Si bien es cierto que la Policía Nacional ha tenido una positiva reacción frente al hecho que miembros de la misma dispararan contra los protestantes en Chichigalpa, dando de baja y poniendo ante los tribunales a los que ha identificado como responsables, también es cierto que la permisividad de la Policía ante las agresiones de las fuerzas paramilitares del Orteguismo a manifestantes pacíficos, y la impunidad con las que ha dejado que actúen,  ha progresivamente alentado una cultura de impunidad en el uso de la fuerza y de tolerancia ante el delito dentro de sus propias filas. Recuérdese que la policía no solamente fue cómplice por tolerancia de la agresión a los jóvenes en el Seguro Social, sino también en el encubrimiento del robo de varios vehículos, celulares y computadoras. La Policía Nacional, con su doble estándar para ver las cosas,  está cosechando lodos de sus propios polvos.

Ortega tuvo oportunidad, dos días después de los hechos  trágicos de Chinandega, en ocasión de clausurar públicamente una reunión de Jefes Militares de Centroamérica, de al menos lamentar lo ocurrido. Ni una palabra. Esta es la última y dolorosa lección: la soberbia, la arrogancia y los intereses del poder autoritario, impiden ver el sufrimiento de los demás, sobre todo si son pobres, aunque se hable en nombre de ellos.

Cambio en el Banco Central

La abrupta remoción del Presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN) demuestra otra dimensión de la cultura política que está impulsando Ortega, en este caso en el campo burocrático.

El Banco Central ha sido un caso ejemplar de cultura burocrática en base al mérito profesional, aunque su Presidente siempre haya sido de la confianza política del gobernante de turno.

Como gobernante de turno, Ortega tiene el derecho de cambiar al Presidente del BCN. Pero ese derecho no lo ejerció según el procedimiento establecido por la ley. Esto no se justifica, pero se entiende a partir del objetivo de Ortega de establecer plenamente en todos sus interlocutores la idea que él está por encima de la ley.

Lo adicional en este caso, en términos de la cultura burocrática en el BCN, es que dirigentes del Orteguismo  informaron a los empleados del BCN “identificados” con su partido político, antes que se oficializara la noticia ante todo el personal, que había sido removido el Presidente de la entidad y hayan presentado al nuevo Presidente. Hemos entrecomillado la palabra identificados con el Orteguismo, porque otro aspecto de ese cambio de cultura burocrática es que cada vez más, dentro del BCN, para hacer carrera profesional hay que militar políticamente en las filas del Orteguismo.

Hay otro detalle significativo en cuanto al cambio de cultura burocrática en el BCN, por la creciente partidización del mismo. El nuevo Presidente, cuya solvencia profesional es reconocida, ha sido militante del partido de Ortega desde hace muchos años. Y nada impidió, durante los gobiernos anteriores a Ortega, que hiciera carrera profesional dentro de diversas instituciones del Estado, porque los gobiernos democráticos no exigen militancia partidaria a los funcionarios públicos. Según los que le conocen, tiene los méritos profesionales para ser Presidente del BCN, y en buena hora por la conducción económica de Nicaragua. Solamente esperamos que ahora él respete los méritos de los otros profesionales dentro del BCN, como le fueron respetados los suyos en los gobiernos anteriores.

Espejo en el cual no verse

Simultáneamente con la remoción del Presidente del BCN, fue removido el Viceministro de Educación, destacado militante de la juventud Orteguista.

Según documentó la revista Confidencial en su versión electrónica, la causa de la remoción del segundo jefe del Ministerio de Educación (MINED) fue que determinadas metas de colegiatura que el gobierno publicita no se estaban alcanzando. Pero en la documentación de Confidencial queda en evidencia que más que cumplir las metas, en lo que falló el defenestrado funcionario fue en no manipular bien las estadísticas para demostrar que el gobierno estaba cumpliendo.

Ese es un espejo en el cual el nuevo Presidente del BCN no debería verse. Hasta ahora el BCN, bajo el ojo cercano del Fondo Monetario Internacional (FMI), pero también por su propia autoestima burocrática, ha sido muy serio en la medición estadística de la actividad económica y financiera del país. Pero la tentación partidista conlleva el riesgo, como ha ocurrido en el MINED, de “maquillar” las cifras, como lo está haciendo el gobierno de Argentina. Pero hay una diferencia: Argentina tiene frente al FMI y los acreedores e inversionistas externos una autonomía que no tiene Nicaragua. La solvencia profesional del nuevo Presidente del BCN se pondrá a prueba cuando le llamen de la Secretaría del partido de Ortega para poner en cifras lo que la realidad no sustenta.

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