Tags

, , , , , ,

Mundo

El carisma de la humildad

El carisma, en términos muy generales, es la cualidad de algunas personas de ejercer atracción sobre las demás, y por tanto de ser seguidas. Cuando se está en posiciones de autoridad, en un gobierno, en una empresa, en una institución religiosa o académica, en una organización política, deportiva o de cualquier otro tipo, es difícil distinguir entre la capacidad de atracción del cargo que se ejerce y la capacidad de atracción de una determinada persona, independientemente del cargo.

Todos conocemos muchos ejemplos de personas que eran seguidas en función del cargo que ejercían, pero una vez privadas de ese cargo “ni las pulgas se le pegan”, como se dice popularmente. En estos casos se habla del carisma del poder, porque es el poder que se ejerce, y la capacidad de dispensar favores asociada al poder, el que atrae, y no la persona que ejerce el poder.

En el caso de personas carismáticas, independientemente de las posiciones de poder, los estudiosos del tema, sicólogos, politólogos, sociólogos, tratan de identificar cuáles son las cualidades personales específicas (valentía, inteligencia, elocuencia, generosidad, etc) que ejercen atracción sobre los demás. Usualmente, en las personas carismáticas hay más de una de las cualidades que ejercen atracción. También, con bastante frecuencia, las personas carismáticas ascienden a posiciones de autoridad en una u otra organización o institución, y también, con bastante frecuencia, las posiciones de autoridad o poder hacen que rasgos anticarismáticos (como la soberbia) poco a poco vayan prevaleciendo sobre las otras cualidades, y por eso hemos visto que líderes una vez carismáticos terminan siendo aborrecidos.

Cuando una persona carismática asciende a una posición de autoridad, y conserva sus cualidades, aumenta la capacidad de atracción y convocatoria, de esa autoridad.

Con mi esposa conocimos a Monseñor Leopoldo Brenes en 1997. En Roma coincidimos en una pequeña cena familiar. A la salida, comentamos la impresión de serena humildad que Monseñor Brenes nos había causado.

Ahora que ha sido nombrado cardenal por el Papa Francisco, se ha apresurado Monseñor Brenes a decir que no era un honor, sino una oportunidad para servir. Es decir, a la autoridad cardenalicia ha agregado el carisma de la humildad, como antes lo hizo con la autoridad arzobispal, obispal y sacerdotal.

El carisma de la humildad aumenta la autoridad de cualquier posición, como el anticarisma de la soberbia puede, por un tiempo, ayudar a ejercer poder, pero no autoridad.

Postergando problemas

Desde que en 2007 se inició el diálogo entre gobierno y el sector empresarial, el único interlocutor que Ortega acepta en su “modelo de gobierno de consenso”, los empresarios presentaron una agenda técnica y una agenda institucional.

Para la agenda institucional el gobierno, en la práctica, no reconoce al sector empresarial como interlocutor. Y como tampoco acepta a la oposición como interlocutor para esa agenda institucional (por eso se robó las elecciones municipales de 2008 e hizo un enorme fraude en las presidenciales de 2011, para dotarse de mayoría calificada en la Asamblea Nacional), no hay tal “modelo de gobierno de consenso” para temas políticos institucionales. Justo cuando preparaba este comentario recibí un servicio informativo que cita un artículo de un periódico de Kansas City, Estados Unidos que dice lo siguiente: “El control ejercido por Ortega y su esposa crecientemente se parece al de la familia dinástica contra la cual una vez el FSLN tomó las armas”. Esto es lo único que en temas institucionales importa a Ortega: consolidar un poder dinástico, pero no al estilo de una Monarquía parlamentaria como las de Europa, sino de una dictadura como las registradas en la historia de nuestro país y otros de América Latina.   

Agenda institucional aparte, desde una cierta complaciente resignación se argumentan los avances en la agenda técnica-económica. Y en efecto, muchos aspectos de esa agenda han sido atendidos por el gobierno. Pero ocurre que esa agenda tiene elementos que van más allá de las necesidades y conveniencias, del gobierno y del sector empresarial, de corto plazo, y que apuntan a remover los grandes “rezagos estructurales” de nuestro desarrollo. Esos “rezagos estructurales”, como lo señala un informe de la agencia crediticia Moody´s que ya hemos citado en estos comentarios, permanecen inalterados.

Esta semana se conoció, igual que en años anteriores, que solamente poco más del 10% de los estudiantes pasaron el examen de admisión en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Es decir, cero avance en materia de calidad educativa.

A la vez se conoció que en las “pruebas remediales”, para estudiantes reprobados en una o más materias, el Ministerio de Educación decidió reconocer como parte de los méritos académicos cuestiones  -como la asistencia a clases-  que son condición para esos méritos, pero no un mérito en términos de conocimientos. Esto, sin duda, para mejorar índices de graduación o aprobación, sin mejorar en absoluto el nivel de conocimientos. Y más allá de las “pruebas remediales”, se ha conocido que a lo largo del año se reconocen méritos académicos a la asistencia a actividades políticas del orteguismo.

Como reiteradamente lo han señalado muchos especialistas, y el propio sector empresarial en su agenda técnica-económica, mejorar la cobertura y calidad de la educación es indispensable para remover el más importante “rezago estructural” de nuestro desarrollo. Y este gobierno ha tenido 7 años, y más recursos que cualquier otro, para empezar a remover ese “rezago estructural” y no ha hecho absolutamente nada.

En la práctica, entonces, en temas estructurales de la agenda técnica-económica del sector empresarial, Ortega no lo acepta como interlocutor. Como de hecho no lo aceptó tampoco para la “reforma” de la seguridad social, en que se adoptaron medidas que, como el propio gobierno y sus epígonos han dicho, solamente postergan la solución del problema.

¿Qué está pasando, entonces? Que el único interés de corto, mediano y largo plazo de Ortega es consolidar su poder dinástico, no resolver los problemas del desarrollo de Nicaragua. El gobierno busca acuerdos de corto plazo según sus necesidades y conveniencias y las del sector empresarial, pero en cuanto al largo plazo solamente importan las necesidades y conveniencias de Ortega. En las condiciones de holgura económica y financiera de los últimos años-altos precios de exportación, bajísimas tasas de interés internacional, remesas, cooperación venezolana, etc- ha sido fácil acomodar las necesidades y conveniencias del gobierno con las del sector privado, pero cuando esas condiciones no sean tan favorables será más difícil acomodar necesidades y conveniencias de uno y otro sector, y será entonces  el momento del llanto y crujir de dientes.

(Se autoriza y agradece su reproducción y circulación)

Sígame en twitter: @mundoj1

 

Advertisements