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Mundo

El arte de la política

“La política como el arte de lo posible” es una expresión que se atribuye a muchas fuentes (Aristóteles, Maquiavelo, Bismarck, entre otros). Y ha sido interpretada de diferentes formas en distintos contextos.

No cabe duda del valor de esa reflexión en términos de estrategia y táctica, cuando se trata de responder a lo que resulta posible en determinado momento, a partir de determinados objetivos. Pero, desde el punto de vista de los principios y valores que deben inspirar la acción política, si la política se piensa desde la perspectiva del bien común, es muy discutible el valor ético de la “política como el arte de lo posible” pues fácilmente puede conducir al cinismo y a posiciones acomodaticias con el poder y el interés personal, más que al interés de la sociedad. La famosa expresión “la calle está dura”, para justificar la permanencia en cargos públicos por un sueldo, aunque se viole la ley, es un ejemplo de derivación cínica de “la política como el arte de lo posible”.

Las anteriores reflexiones vienen a colación porque con motivo del aniversario esta semana del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, un periodista me requirió, a boca de jarro, una opinión que resumiera mis recuerdos de Pedro Joaquín, y solamente atisbé a decir que para Pedro Joaquín, a diferencia de otros políticos, “la política no era el arte de lo posible, sino el arte de hacer posible lo deseable”.  Esta reflexión de la política como “el arte de hacer posible lo deseable, lo necesario”, también tiene diversas fuentes, pero enfatiza una dimensión moral de la política que fue el rasgo esencial de la personalidad de Pedro Joaquín Chamorro.

La tozudez e intransigencia de Pedro Joaquín frente a las injusticias económicas, sociales y políticas, que le provocaron tantos sinsabores hasta llevarle a la muerte, solamente se explican por esa concepción ética de la política. Pero por eso, también, su asesinato, fue semilla de liberación.

A Pedro Joaquín debemos recordarle con el optimismo histórico y la esperanza evangélica que siempre tuvo. En los peores momentos de la dictadura somocista, en que como ahora había cundido entre muchos el derrotismo y el espíritu de pragmática resignación, cuando no inmoral acomodo a los intereses del poder, Pedro Joaquín desde su ética intransigencia mantuvo encendida la llama de la lucha democrática, hasta que la misma se volvió llamarada, como volverá a ocurrir. Es ley de la historia que se cumple tanto como la ley de la gravedad.

Solo para comparar

Independientemente del desenlace que tenga el conflicto que se ha desarrollado en Panamá, por la negativa del consorcio de empresas conocido como Grupo Unido por el Canal (GUPC) de continuar con las obras de ampliación si no se le reconoce una extraordinaria cantidad a título de sobrecostos, el Jefe de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha verbalizado una posición que puede ser tomada como gestión política inspirada en la moral y la ley.

Ocurre que la Ministra de Fomento de España, que llegó a Panamá en una gestión mediadora ya que el GUPC es encabezado por una gran empresa española, después de su gestión dijo que el GUPS iba a trabajar, y por tanto negociar con las autoridades panameñas, dentro del contrato. Pero apenas se fue la Ministra, las empresas volvieron con una demanda que según las autoridades de la ACP se sale del contrato y por tanto no es aceptable. “Hemos explicado el contrato, dijo el Jefe de la ACP, y nuestras limitaciones como empresa estatal, que no es privada ni puede hacer ese tipo de negocios….” Es decir, como el canal es una empresa estatal, es decir de todos los panameños, y no una empresa privada con la cual el dueño puedo hacer lo que quiera, en ese país quien dirige esa empresa estatal se niega a comportarse como dueño de la misma. Relatamos el caso para que se compare, y se extraigan las lecciones, pues en nuestro país, lamentablemente, con mucha frecuencia las empresas estatales son manejadas como negocios privados, y por eso estamos como estamos.

Contradicción sin explicación

El gobierno reclama como uno de los éxitos de su gestión, y con fundamento por cierto, que en los últimos años la matriz energética se ha venido cambiando en la dirección de depender cada vez menos del petróleo para la generación de electricidad.

Entre los anuncios de fin de año se dijo que ya más del 50% de la generación de electricidad dependía de recursos naturales renovables, como la geotermia, el agua, el bagazo y el aire, entre otras. Pero hace pocos días El Nuevo Diario (7 de enero), en base a información del Banco Central de Nicaragua, reportó que en los últimos cinco años el precio de la electricidad ha subido en más de un 60%. Concretamente, 71% en el sector comercial, 67% en el industrial y 73% en el residencial. Y en el reportaje se cita a la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL), señalando que “Nicaragua paga los costos más altos de energía en los sectores residencial e industrial, y es el segundo más caro en el área comercial.”

Cualquiera se puede preguntar: Si, como en efecto ha ocurrido, la generación de electricidad depende ahora menos del petróleo que se ha mantenido arriba de los 100 dólares el barril, ¿por qué los precios de la electricidad en vez de bajar han subido?

En un país dónde las empresas estatales y los ministerios no se manejen como negocios privados, alguna autoridad daría una explicación a esa contradicción. Pero no aquí.

Y como alguna gente dice que con democracia no se come, es bueno que sepamos que la ausencia de democracia es la que conduce a que los intereses públicos se manejen como negocio privado, y eso al final de cuentas lo pagamos todos, menos los que se benefician de la falta de democracia.    

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