Tags

, , , , , , , , , , , ,

Mundo

“Saber que se puede, querer que se pueda”

(Color Esperanza, Diego Torres)

7 de diciembre de 2013

(Edición No. 275)

De la inmadurez de Maduro, a la sensatez de Ortega

 

Esta semana han trascendido internacionalmente dos informaciones que, aparentemente, no guardan relación entre sí, pero como explicaremos, están íntimamente vinculadas.

 

Primero, y con el foco de atención que significan las elecciones municipales del domingo 8 en Venezuela, se ha destacado que el Presidente de ese país, Nicolás Maduro, ha seguido tomando decisiones como que si fuera un inmaduro. Frente a esas inminentes elecciones, sin el carisma y fuerza cohesionante de las fuerzas armadas y de la base política chavista que tenía Chávez, y ante una situación de desequilibrios macroeconómicos que no enfrentó Chávez, pero se la heredó a Maduro, éste ha tomado decisiones de política económica que solamente aumentan los problemas que trata, inútilmente, de sofocar. El cálculo en corto es que le den resultado frente a las inminentes elecciones, pero esto está por verse.

 

Venezuela se ha quedado sin base productiva fuera del petróleo, cuya producción a su vez ha caído en casi un 30%; la deuda externa se ha multiplicado; la inflación se ha disparado en más del 50%, y en alimentos casi llega al 75%, y así podríamos seguir describiendo la catástrofe. Mientras con Chávez, sin tanta deuda entonces, mayor producción de petróleo aunque en declive, y sin tanta destrucción del aparato productivo como la que heredó a Maduro, el consumo popular en una década aumentó seis veces. A Maduro, en cambio, le corresponde enfrentar una inevitable y drástica caída del consumo de los sectores populares y hasta de las clases medias. Maduro trata de enfrentar la carestía de bienes básicos rebajando por decreto precios e interviniendo tiendas y fábricas, como por si con decreto se pudiera controlar la inflación y aumentar la producción. Como tantos analistas lo han señalado, entre más bajan los precios por decreto, más aumenta la demanda de los bienes cuyo precio ha sido artificialmente rebajado, y como no aumenta la oferta  -porque no hay producción ni divisas para importar-  más aumenta la brecha entre la demanda y oferta y mayor es la inflación en el mercado negro.

 

Frente a esa explosiva situación venezolana, la Nicaragua de Ortega luce benigna, muy benigna. Ambos panoramas, y sus diferencias, han sido recogidas por la influyente revista The Economist que en su último número, y a propósito de la propuesta orteguista de reformas constitucionales, comentó positivamente la situación de nuestro país en términos que no desconocemos, porque aquí también tienen su propia vocería.

 

Obviamente, Ortega no ha cometido los errores de Chávez, cuyas consecuencias Maduro ha heredado como una pesada carga. El principal, despilfarrar la renta que significa el petróleo para Venezuela.

 

“Hay que sembrar el petróleo”, dijo en 1936, hace casi 80 años, uno de los más importantes intelectuales y políticos venezolanos, Arturo Uslar Pietri. Sembrar el petróleo significaba invertir los ingresos derivados del mismo, y no consumirlos todos, y así generar más y más producción, y conseguir, de manera sostenible, que los venezolanos pudieran consumir más y más.

 

Pues bien, el gobierno de Ortega se ha beneficiado de esa renta petrolera, que en algún momento equivalió a casi el 8% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB) y a un tercio del Presupuesto Nacional, aunque no ha estado la cooperación venezolana incorporada al mismo.

 

Con esa cooperación venezolana, y precios de exportación extraordinarios en todos nuestros productos, además del aprendizaje de los errores que cometió enfrentando al sector privado, a los Estados Unidos y a la iglesia en su primer gobierno, Ortega, macroeconómicamente hablando, luce de lujo en comparación con Maduro, y así lo registra The Economist.

 

La gran pregunta es: ¿ha sembrado Ortega la gran oportunidad que ha tenido?

 

En términos políticos, desde luego, no. Ha sembrado vientos que terminarán en tempestades.

 

¿Y en términos económicos? Tampoco. Somos casi tan vulnerables a la cooperación venezolana, como Maduro frente a la herencia de Chávez. Ortega no ha removido los obstáculos estructurales a nuestro desarrollo. No ha “sembrado” la oportunidad que ha tenido, preocupándose únicamente de perpetuarse en el poder. Y quién no siembra, no cosecha.

 

Cifras para la tristeza

 

A propósito de que obstáculos estructurales para nuestro desarrollo siguen si removerse, esta semana se conocieron dos índices que nos comparan muy desfavorablemente con otros países.

 

Transparencia Internacional, que mide la percepción de corrupción a nivel internacional, colocó a Nicaragua entre los cinco países más corruptos de América Latina. Venezuela, desde luego, ocupa el último lugar.

 

Y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), nos colocó entre los cuatro países de la región dónde hay más hambre. Solamente están peor Haití, Guatemala y Paraguay. Hemos hecho progresos al respecto, pero estamos todavía lejos de un nivel aceptable. El único nivel aceptable, desde el punto de vista humano, es que ningún humano padezca hambre.

 

¿Qué pasó en Ayapal?

 

Un muerto es mucho, varios muertos, demasiado. Cabe esta reflexión humanitaria por lo ocurrido en Ayapal, en que murieron cuatro policías y otras seis personas que intentaron robar en tiendas y pulperías de ese pequeño pueblo del norte de Nicaragua.

 

Todo pareciera indicar que se trataba de ladrones comunes y corrientes, y no de uno de los grupos alzados en armas por razones políticas. Pero el hecho, muy doloroso, particularmente porque agentes del orden murieron en cumplimiento de su deber,  subraya el error del gobierno de llamar “grupos delincuenciales” a los alzados en armas por razones políticas, porque en el imaginario popular será muy difícil hacer la distinción entre unos y otros.

 

Un buen paso puede significar un buen camino

 

Lo sorprendente del almuerzo que Ortega sostuvo con la Conferencia Episcopal, en casa del Nuncio Apostólico, no es se le haya invitado, así sea por razones protocolarias, sino que haya aceptado. Como se sabe, desde hace varios años la Conferencia Episcopal viene solicitando un diálogo formal con el gobierno para abordar las serias preocupaciones que los purpurados han manifestado sobre el rumbo del país desde que Ortega volvió al gobierno. No es extraño, entonces, como muchos especulan, que la motivación de Ortega para aceptar la invitación al almuerzo proceda del enérgico rechazo que su propuesta de reformas constitucionales encontró en muchos sectores, incluida la Conferencia Episcopal.

Aunque en el almuerzo no se hayan hablado de cosas de fondo, bien podría ser un buen paso en el camino correcto. Nada lo garantiza, porque el camino correcto, pensando en Nicaragua, es que Ortega vuelva sobre sus pasos, y el Dictamen sobre la propuesta Orteguista de reformas constitucionales no pareciera indicarlo. La estrategia de Ortega siempre ha sido apuntar largo, para después ceder un poco, pero nunca para volver al punto de partida.

 

Total, y como lo mencionó la Conferencia Episcopal en su declaración sobre la propuesta de reformas constitucionales, no son reformas a la Constitución lo que se necesita, sino que la actual Constitución se cumpla.

 

(Se autoriza y agradece su reproducción y circulación)

Sígame en twitter: @mundoj1

Advertisements