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muñequito

Marco Polo de lo obvio

Que si había algo nuevo sobre el eventual canal interoceánico por Nicaragua, me preguntó un amigo, a propósito de la numerosa delegación de empresarios, profesionales y funcionarios que viajaron a China invitados por el empresario Wang Jing, beneficiario de la concesión para construirlo.

Tuve que contestarle que nada. No hay nada nuevo.

Aunque algunos de los viajeros han hecho o escrito comentarios comedidos sobre lo que vieron y conversaron sobre el canal, en especial sobre las poco comedidas declaraciones que una y otra vez ha hecho Wang Jing, lo que más ha trascendido son fotos, poses e informaciones que no requerían de ese viaje, y que lamentablemente abonan a la imagen de turismo oficial.

¿Que las empresas chinas tienen la capacidad ingenieril para realizar la obra? Eso nunca ha estado en duda. En un artículo que publiqué en La Prensa el 29 de julio recién pasado dije que China “tiene la capacidad técnica y financiera para llevar adelante semejante empresa, que sería, por mucho, la mayor inversión en infraestructura de América Latina en muchas décadas, y una obra ingenieril de envergadura mundial”. Para saber eso no se necesitaba ir a China.

¿Que China tiene trenes de alta velocidad? Basta entrar a internet o ver un catálogo de turismo y se podrá comprobar ese “descubrimiento” sin tener que ir a China.

¿Qué China tiene maquinarias de construcción gigantescas? Fotos de las mismas ya había enseñado en Nicaragua una delegación de ese país que vino a Nicaragua a finales del gobierno de Bolaños.

¿Que el gobierno chino está detrás del empresario Wang Jing? Esto no lo ha dicho ninguno de los viajeros públicamente, pero en sus conversaciones privadas han manifestado venir convencidos de tal hecho. Tampoco se necesitaba ir a China para llegar a esa conclusión. En el mismo artículo que publiqué en La Prensa anoté que “es difícil creer que el canal por Nicaragua pueda llevarse a cabo si detrás del empresario Wang Jing no está el gobierno de China”.

Como a mi amigo, empresario, le resultaban incómodos mis comentarios, tuve que insistirle en lo que comenté aquí mismo el 17 de agosto: “¿Quién puede estar en contra de un proyecto de desarrollo, el canal y cualquiera otro, que sea económicamente viable, socialmente deseable y ambientalmente benigno? ¡Nadie!”

Entonces, me preguntó, ¿por qué sos tan crítico de ese viaje? Por dos razones, le  contesté:

Primero, porque ese viaje no aportó nada nuevo a la información que sobre la capacidad de China y el canal ya se tenía. “Sí, sí, me interrumpió el amigo un poco ofuscado, ya eso me lo dijiste”. Pero acto seguido, como arrepentido de su alteración, se puso reflexivo y comentó. “Es verdad, a diferencia de Marco Polo que en el siglo XIII encontró en China cosas que no se conocían en occidente, algunos de estos viajeros han lucido como Marco Polo de lo obvio”.  

Segundo, agregué, porque independientemente de si se dieron o no cuenta, y creo que la mayoría no se dio cuenta, los viajeros a China abonaron el proceso de constitución de una dinastía política al aceptar que un hijo de Ortega presidiera, de hecho, la delegación. Y los chinos, dinásticos por naturaleza, así trataron a la delegación, como que el hijo de Ortega la presidía.

Mi juicio es totalmente independiente de las calidades personales y profesionales de ese joven. Mi juicio es político. ¿Por qué no presidió la delegación el jefe de ProNicaragua, donde trabaja el hijo de Ortega? ¿Por qué no presidió la delegación quién está a cargo de la recién creada por ley Autoridad del Gran Canal?

Los chinos trataron a la delegación como tratan a la monarquía comunista de Corea del Norte, en que se han sucedido Kim Il-sung, Kim Jong-il y actualmente Kim Jong-un.

Nicaragua no es una Monarquía, pero así nos trata Ortega, independientemente de la Constitución actual o la que surja de las reformas de la misma que Ortega ha propuesto para ajustarla a su medida.

Reformas constitucionales

Al momento de preparar este comentario recién ha empezado a circular la propuesta orteguista de reformas a la constitución. Es un documento, con la exposición de motivos, de más de 60 páginas, de tal forma que no caben en este momento comentarios al fondo de la propuesta de reformas. Y, por lo demás, debemos esperar a que los expertos constitucionalistas nos precisen el alcance de las mismas.

Sin embargo, la propuesta requiere de algunos comentarios preliminares.

El primero, sin duda, es sobre el sentido de reformas a la Constitución cuando tenemos al frente del gobierno, de manera ilegal e inconstitucional, a alguien que no la ha respetado en su actual forma. Y aún peor, tenemos una Corte Suprema de Justicia (CSJ) que ha adecuado sus interpretaciones y sentencias al gusto y antojo de ese Presidente inconstitucional.

Nuestro problema, entonces, no es de tales o cuales normas constitucionales o leyes, y de si son o no perfectibles, sino de que se respeten.

Segundo, una rápida ojeada a la propuesta de reformas permite concluir que se está acentuando el carácter declarativo de una constitución que ya es bastante declarativa y, por tanto, enunciadora de principios, valores y objetivos que contrastan agudamente con la realidad. El énfasis declarativo de las reformas es para dar cabida al discurso gubernamental y del partido de gobierno  -lo de “gobierno cristiano, socialista y solidario”, entre otras cosas-  con lo cual se está faltando al elemental principio de que las cartas constitucionales no deben ser discriminatorias.

Tercero, y además del discurso partidario que se constitucionaliza, también se constitucionalizan pretendidas formas “participativas”  -y lo escribimos entrecomillas porque no son en la práctica participativas-   que igualmente son partidarias y excluyentes.

Finalmente, y aunque sea un tema menor para quienes no respetan las leyes, la reiteración en la propuesta de que se está cambiando el “modelo” de organización política del país contradice el carácter parcial de las reformas. Un cambio de modelo en cuanto a la organización política requeriría de una reforma total de la Constitución y, por tanto, debería ser objeto de una Asamblea Constituyente. Pero ni remotamente estamos pensando o proponiendo que tal cosa se haga, sino que deseamos subrayar que salvo algunos temas de fondo positivos, como ajustar los límites marítimos de Nicaragua a las recientes sentencias de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), casi toda la parte declarativa y normativa de la propuesta de reformas constitucionales luce para que la Constitución Política de Nicaragua se ajuste a la voluntad y antojo partidario de los actuales gobernantes que igual, mañana, si ese antojo cambia, y los antojos cambian, esa Constitución les resultará estrecha y la violarán como han violado la Constitución actual.

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