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muñequito

Dictaduras del siglo XXI

El expresidente del Ecuador (1981-84), Osvaldo Hurtado, ha escrito un libro con el sugerente título “Dictaduras del siglo XXI”. El título, y su rima con el “Socialismo del siglo XXI”, no es una casualidad porque aunque Hurtado se limita a analizar en detalle el caso de su país, en su introducción dice referirse con el título a los casos de los llamados gobiernos bolivarianos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Estuve esta semana en Miami pues con motivo de la feria del libro de esa ciudad, el Instituto Interamericano para la Democracia organizó un panel precisamente titulado “Dictaduras del siglo XXI” ya que en la feria, además del libro de Hurtado, se presentaron libros sobre los casos de Bolivia y Venezuela. Fui invitado al panel para presentar el caso de Nicaragua, junto con Hurtado, Carlos Sánchez Berzain y Asdrúbal Aguiar, autores de los libros sobre Bolivia y Venezuela.

En su libro Hurtado señala que “el libreto que siguieron los golpes de Estado militares fue siempre el mismo. Comenzaban con la destitución del Presidente, continuaban con la clausura del Congreso Nacional y terminaban con la instalación de un caudillo militar, ocasionalmente civil, en el palacio nacional”.

Ahora ya no ocurre así. Como lo indica Hurtado, “en años recientes, sin que se proclamaran dictaduras y se dieran golpes de Estado de factura militar, es lo que han hecho los mandatarios de los llamados países bolivarianos, a través de la utilización maliciosa de las instituciones democráticas”. Agrega Hurtado: “No depusieron al presidente constitucional y accedieron al poder mediante el voto libre de los ciudadanos, pero una vez instalados en el gobierno se las arreglaron para, a través de disimulados y sucesivos mini golpes de Estado, desconocer el orden jurídico bajo el cual fueron elegidos y conformar un sistema político contrario a los principios democráticos”.

Es lo que ha ocurrido en Nicaragua, y eso explica que se me haya invitado al mencionado panel.

Hice una exposición en clave de comparación entre los diversos casos, subrayando similitudes y diferencias. A este respecto mencioné una diferencia fundamental: ya sea por colapso del sistema de partidos políticos, aguda crisis socioeconómica, o emergencia de nuevos movimientos sociales, como el indigenismo, los casos de Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y Correa en el Ecuador, se iniciaron con muy amplias mayorías políticas, mayoría que replicaron en sucesivas elecciones, aunque cada vez más esas elecciones han dejado de ser competitivas. No es el caso de Ortega en Nicaragua que, como sabemos, su triunfo en el 2006 fue producto de un accidente político, la división del Partido Liberal, y de un incidente institucional, el pacto previo entre él y Alemán que le permitió ganar con solamente el 38% de los votos.

Pero lo que más llamó la atención fue cuando demostré que Ortega se ha mantenido en el poder a través de fraudes electorales, como el de las municipales del 2008 y el hecho de que su “triunfo”  -así, entrecomillas-  en el 2011, solamente se explicaría porque en el 80% o más de las Juntas Receptoras de Votos (JRV) dónde normalmente había perdido Ortega, hubiesen cambiado de preferencia política y ahora fuesen orteguistas.

Eso, que lo sabemos muy bien en Nicaragua, en general es desconocido en el extranjero.

Estrechando el cerco

También es desconocido en el extranjero que Ortega recurre constantemente a la violencia física para reprimir la discrepancia. Tuve oportunidad de explicar los numerosos casos en que el orteguismo ha recurrido a la violencia para reprimir cualquier asomo de protesta, por pacífica que sea.

Pero como el día anterior a mi participación en el mencionado panel presencié, en la televisión, cómo las mismas fuerzas de choque del orteguismo desalojaban violentamente a unos pequeñísimos comerciantes que se habían instalado en las inmediaciones del mercado el mayoreo, pude en diferentes conversaciones reflexionar sobre una dinámica al final de la cual terminaremos en una gran conflagración. Porque en la lógica de un gobierno de inspiración totalitaria, ya que a diferencia de otros autoritarismos el de Ortega tiene esa inspiración, el cerco de intolerancia se irá estrechando. Primero fueron reprimidas las discrepancias políticas, y poco a poco el cerco de intolerancia se ha ido estrechando y por tanto la represión extendiéndose a otros campos.

Los que por una u otra razón permanecen indiferentes frente a la embestida autoritaria de Ortega, es por qué quizá ignoran que esa embestida se extenderá a todos los campos. Cuando a la cabeza de un modelo de capitalismo autoritario están, como en el caso de Nicaragua, políticos-empresarios, es solamente cuestión de tiempo que así como se ha venido eliminando la competencia política, se elimine la competencia en el mundo de las empresas. 

Lo que ocurrió a microcomerciantes en las inmediaciones del mercado el mayoreo fue eliminación de la competencia en el mundo de las empresas, lo crean o no quienes en nombre del libre mercado apoyan a Ortega.

De la misma estirpe

De la misma estirpe represiva ha sido el intento de presentar como conspiración lo que el obispo de Estelí hizo al viajar a Honduras, pública y legalmente, a entrevistarse con los alzados en armas por razones políticas, para conocer de sus razones y buscar soluciones.

El obispo y sus asistentes, y los periodistas del diario La Prensa y de otros medios que le acompañaban, no pretendieron hacer nada en secreto. ¿Por qué, entonces, los medios oficialistas trasmitieron filmaciones clandestinas de movimientos públicos y abiertos?

La explicación es muy sencilla: intimidar, intimidar, intimidar.

Pero, como tantas veces lo hemos dicho, citando a Steinbeck, “la represión retrasa el día de la caída de los tiranos, pero fortalece la inevitabilidad de ese día”.

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