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muñequito

En el borde del abismo

Aunque la noticia puede lucir lejana a la inmensa mayoría de nicaragüenses, debemos recibir con alivio el hecho que a última hora el gobierno y el Congreso de los Estados Unidos hayan llegado esta semana a un acuerdo presupuestario que salvó al mundo de una verdadera catástrofe económica y financiera.

Las consecuencias de que Estados Unidos no pudiera honrar sus deudas hubiesen sido devastadoras: como mínimo, una subida radical de las tasas de interés, escasez de crédito, recesión generalizada y hasta una depresión a nivel mundial, con agudas consecuencias sobre el empleo y los salarios reales. El sistema financiero internacional hubiese quedado, literalmente, desarticulado.

En nuestro país se hubieran acentuado drásticamente dos aspectos que inciden fuertemente en la actividad económica y el empleo: las tasas de interés que ya habían empezado a subir y la cobertura crediticia de la actividad productiva que es bastante limitada. ¡Y qué decir de los precios de los productos de exportación que se hubiesen desplomado!.

El mundo, literalmente, se asomó al abismo.

El hecho que esos impasses presupuestarios en los Estados Unidos se vienen presentando una y otra vez desde 2009, ha levantado una aguda discusión sobre la funcionalidad de la democracia de ese país.

Los apologistas del autoritarismo lo celebrarán, sin duda, porque encontrarán en esas disfuncionalidades del sistema democrático excusa para sus desmanes. Pero no es para que se alegren tanto, porque el sistema democrático tiene enormes recursos de autocorrección que no los tienen los regímenes autoritarios. En los límites, los regímenes autoritarios no se corrigen, y en cambio sí lo hacen los regímenes democráticos.

Lentamente los países europeos que han enfrentado las más severas crisis económicas han venido saliendo de las mismas, sin sacrificar libertades y derechos democráticos, pese a que se haya temido, en algunos de ellos, una expansión de los movimientos autoritarios neofascistas. Muy probablemente lo mismo ocurra en los Estados Unidos en que los grandes perdedores del reciente impasse han sido, por lo pronto, los radicales conservadores del Tea Party.  

En democracia los errores se pueden corregir; en regímenes autoritarios los errores, como la corrupción, se esconden, y al esconderse crecen, hasta que estallan. Lo estamos viendo en Nicaragua.

Crecimiento sin prosperidad compartida

Los voceros del oficialismo orteguista se hacen agua la boca con los resultados económicos de los últimos años. En efecto, la economía en los últimos tres años ha tenido un crecimiento aceptable, repito, aceptable, pero no el deseable y posible.

En todo caso, ese crecimiento se ha dado sin que la prosperidad haya sido ampliamente compartida. Esta semana el diario La Prensa (martes 15 de octubre) trajo un dato estremecedor: según las cifras oficiales del Banco Central, tres de cada diez nicaragüenses empleados devengan un salario que apenas cubre la cuarta parte del valor de la canasta básica. Solamente en un sector de la economía, el financiero, el salario promedio cubre el total del valor de la canasta básica.

Lo totalmente cierto es que durante los años del gobierno de Ortega el salario real se ha deteriorado, pese a que hemos tenido un viento de cola  -que se está acabando-  de buenos precios de exportación y abundancia de cooperación externa.

El problema no es nuevo. Como señala en el reportaje de La Prensa el exministro de Hacienda y expresidente del Banco Central, Mario Arana, estamos atrapados en un círculo vicioso de baja productividad y consecuentemente de bajos salarios. En palabras de Arana “ni la oferta (de trabajo) da para pagar bien, ni las calificaciones  (de la fuerza de trabajo) dan para tener suficiente productividad para pagar mejor. Es un problema estructural bastante grave, bastante serio que tiene que ver con muchos años de historia”.

Pero tanto Arana como los otros especialistas entrevistados por La Prensa (Adolfo Acevedo y Cirilo Otero) coinciden en que para romper ese círculo vicioso es esencial aumentar el gasto (que en verdad es inversión) en educación. Mientras Nicaragua invierte 18 dólares anuales en educación por cada habitante, Costa Rica asigna 70, casi cuatro veces más.

Un problema histórico estructural no puede atribuirse exclusivamente al gobierno de Ortega, pero sí se podría esperar del mismo algún impulso, por mínimo que sea, para romper el mencionado círculo vicioso. Pues bien, se hace todo lo contrario, y pese a las buenas condiciones macroeconómicas que el país ha tenido, en el proyecto de presupuesto que esta semana el gobierno presentó a la Asamblea Nacional no hay incremento en el gasto de educación. Y como la población crece, el círculo vicioso de la pobreza se vuelve más férreo, aunque eso no lo ven desde los círculos del poder y la riqueza, que cada vez van más juntos.

Violencia política

Los recientes enfrentamientos armados en la región de Pantasma, Jinotega, han despejado cualquier duda que podría haber existido sobre la motivación política de los grupos rearmados, por más que el gobierno insista en que sus motivaciones son “delincuenciales”.

Cualquier intento de solución será infructuoso si no se va a las causas del mismo. Con posterioridad al fin de la guerra civil, a inicios de los 90, hubo grupos que se rearmaron, tanto del sandinismo como de la contra o resistencia nicaragüense. En la medida que se fue consolidando el proceso democrático, esos grupos desaparecieron, y si ahora han reaparecido es exclusivamente por el cierre de los espacios democráticos de lo cual es responsable el gobierno de Ortega.

La naturaleza política de esos grupos de rearmados deberá considerarla el gobierno de Honduras, toda vez que autoridades de ese país han confirmado la detención de uno de los jefes de esos grupos, identificado como “Comandante Nicaragua”.

Estamos atrapados, por culpa del gobierno, en otro círculo vicioso: el de la violencia política. El gobierno usa la violencia política, como fue la reciente agresión de sus “grupos de motorizados” contra ciudadanos protestando pacíficamente por la tarjeta electrónica del transporte urbano. Esa violencia política gubernamental es para amparar el cierre de espacios democráticos, como también lo vimos en San José de Cusmapa, Ciudad Darío, Nueva Guinea, en el INSS, para solamente citar unos casos; la consecuencia del cierre de espacios democráticos, siendo el más significativo los fraudes electorales, es la violencia política de los grupos rearmados.

Si ese círculo de violencia política había desaparecido en nuestro país, el único responsable de su reaparición es el gobierno de Ortega.

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