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muñequito

12 de octubre de 2013

(Edición No. 267) 

Sin razón técnica pero con explicación política 

De uno de los datos más curiosos de la última encuesta de CID Gallup resulta que solamente un tercio de los nicaragüenses cree que el eventual canal interoceánico por Nicaragua beneficiará al pueblo. Incluso entre los sandinistas, un poco más de la mitad no cree que el pueblo se beneficiará del más que gigantesco proyecto.

Como señala la firma encuestadora en la lectura que hace de los datos, “en la interpretación global, la mayoría de los nicaragüenses no creen que el país tendrá réditos con esa construcción y cree serán otros grupos” los que se aprovecharán de sus utilidades. Y según la encuesta, esos otros grupos son Ortega, su entorno y familiares, y desde luego los empresarios chinos.

¿Por qué, se puede preguntar cualquiera, la gran mayoría de nicaragüenses no cree que será el país sino grupos particulares, el principal beneficiario de un proyecto de tanta envergadura?  

La razón de esa desconfianza de los nicaragüenses no es técnica. Sin caer en las exageraciones de algunos funcionarios gubernamentales, que han hablado de cifras de crecimiento y creación de empleos astronómicas, fuera de todo juicio técnico, es obvio que el canal, de construirse, tendría un enorme impacto en el desarrollo de Nicaragua. La razón de la desconfianza, entonces, tiene una explicación política: el pueblo no es tonto y se da cuenta que con el canal, como con otros proyectos de supuesto interés público, como la tarjeta electrónica para el transporte urbano colectivo (empresa MPeso, concesionaria sin licitación de un servicio público), se realizan jugosos negocios de beneficio privado por las “argollas” del gobierno. 

Ortega ya empieza a cosechar, en la percepción popular, las consecuencias de la pavorosa confusión de intereses entre el gobernante y el empresario, o mejor aún, entre la rosca de altos funcionarios orteguistas que son, a la vez, empresarios, y ocupan el poder político para beneficiar a sus negocios.

Hacer negocios privados con los intereses públicos cosecha desconfianza, primero, y protestas después. Ya vendrán esas protestas pues con la historia no se juega.

MPeso y la agresión a los ciudadanos

Escuché llamadas a un programa radial de ciudadanos indignados por lo que está ocurriendo con la famosa tarjeta electrónica para el pago de los buses del transporte en Managua, y pude comprender, más allá de la percepción de ineficiencia, descoordinación, mala regulación y negociados con los intereses públicos, que en verdad estamos frente a un caso de agresión a los ciudadanos.

Agredido, pues no cabe otra palabra, se sentía un señor que llamó diciendo que dónde él trabaja, si no llega puntual, ya no puede entrar a su trabajo. Y no solamente perdía el día de trabajo, sino también el séptimo día (descansado y remunerado). “Y mi familia, dijo, come con lo que yo gano”. Agredida también, por tanto, su esposa y sus hijas e hijos.

Como ése, son muchos, muchísimos los casos: estudiantes que llegan tarde a sus clases y pierden los exámenes; pacientes que pierden sus citas médicas; ventas y negocios que se pierden, y así sucesivamente es la vida cotidiana la que repentinamente han visto alterada centenares de miles de nicaragüenses. Y en el fondo, fondo, ellos saben que no se trata de problemas técnicos, sino también de problemas políticos porque, otra vez, se está haciendo negocio con los intereses públicos. 

Y esa sensación de agresión por lo que se percibe como corrupción, pasa su factura, más tarde o más temprano, pero pasa su factura.

¿Y quién tiene la culpa?

Leí, y francamente con estupor, que un alto dirigente orteguista culpó a los medios de comunicación independientes u opositores, de la mala imagen que se había creado de los problemas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), y de la propuesta de reforma del mismo presentada por el gobierno.

Dije que había leído esas declaraciones con estupor porque lo absurdo con frecuencia produce esa sensación de desconcierto, de sorpresa. Es francamente absurdo decir que son los medios de comunicación independientes u opositores los culpables de esa mala imagen por la sencilla razón que ya son pocos, poquísimos, los medios de comunicación que el gobierno no controla directa o indirectamente.

La inmensa mayoría de medios de comunicación están saturados de propaganda, programas y vocerías orteguistas. Lo que ocurre es que los interesados en que el INSS funcione bien son centenares de miles de afiliados, y si contamos a sus familiares, millones de nicaragüenses. Y el INSS no funciona bien, y por tanto esos nicaragüenses no necesitan escuchar en una radio o la televisión, o leer en un periódico, que el INSS no funciona bien. Podrían esos medios decir que funciona bien y, sencillamente, perderían credibilidad frente a la fuerza de los hechos. 

Lo mismo ocurre con la mala imagen de MPeso. O la mala percepción por la forma como Ortega entregó la concesión del canal interoceánico.

En los países comunistas, como en otros regímenes dictatoriales, todos los medios de comunicación, sin excepción, decían que las cosas andaban bien, y esos regímenes terminaron porque, sencillamente, las cosas no andaban bien. Lo mismo está pasando en Nicaragua.

 

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