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muñequito

Flagrante contradicción

Distintos ángulos de la propuesta del gobierno para solventar, aunque sea temporalmente, la crisis del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), están siendo objeto de comentarios.

Hay en la propuesta, entre otras debilidades que han sido anotadas por los expertos en la materia, una flagrante contradicción: por un lado, abre la posibilidad de que los nicaragüenses asegurados (que solamente son el 20% de la Población Económica Activa, es decir uno de cada cinco), en adición a las cotizaciones obligatorias al INSS, puedan abrir cuentas individuales en el propio INSS, o en aseguradoras privadas que de hecho son invitadas a constituirse, en las cuales ir ahorrando para aumentar el monto de la pensión que recibirán cuando se jubilen. Y por otro lado, el gobierno se niega a dar información sobre cómo ha invertido el INSS los recursos que capta de las cotizaciones de empleadores y empleados.

¿Dónde está la contradicción? Sencillamente en que los fondos de pensiones, sean públicos, privados o mixtos (de hecho en Nicaragua se está sugiriendo con la propuesta del gobierno ir a un sistema mixto), pueden garantizar a los cotizantes (de hecho ahorrantes) una pensión en el futuro dependiendo de los ingresos que entonces la institución (pública, privada o mixta) reciba de las inversiones que realice con las cuotas (ahorros) que reciba ahora de los afiliados.

Si el INSS no explica en qué y cómo ha invertido los recursos que han aportado empleados y empleadores, ¿quién en su sano juicio estaría dispuesto a abrir en esa entidad una cuenta adicional en la cual depositar sus ahorros?

Si el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y los Sindicatos, que son los invitados a negociar con el gobierno las reformas al INSS, van a asumir compromisos en nombre de todos los nicaragüenses, especialmente de los casi 700,000 afiliados al INSS, y los que ya son pensionados, están en la obligación de exigir la más detallada y transparente información sobre cómo se han invertido los recursos del INSS.

Pero la responsabilidad de pedir rendición de cuentas claras al INSS no solamente depende del COSEP y los sindicatos, sino también del Fondo Monetario Internacional (FMI), y las entidades financieras internacionales relacionadas en su actividad con el Fondo, pues la sostenibilidad o no del INSS es un tema de la mayor envergadura macroeconómica, y buena parte de la sostenibilidad del mismo depende de cuentas claras de sus inversiones.

Seguramente, si esa información se obtiene, tendremos desagradables sorpresas, pero esto es mejor, para la corrección a tiempo, que la lamentación tardía.

Otra contradicción

Hay otras contradicciones en la propuesta del gobierno. Pero hay una, como la anotada anteriormente, de proporciones mayúsculas.

El reglamento del INSS establece que los gastos administrativos no deben exceder del 6% de la facturación simple del INSS, es decir de los ingresos que percibe únicamente por las cotizaciones.

Pues bien, los gastos administrativos del INSS en vez de ser del 6% ascienden a casi el 11% (10.8%), prácticamente el doble.  Esto es, sencillamente, insostenible. En uno de los tantos desmanes del gobierno de Alemán esos gastos administrativos se habían elevado al 14.5%, pero en el esfuerzo de ordenamiento que al respecto se dio en el gobierno de Bolaños, bajo la administración de la Señora Eda Callejas en el INSS, esos gastos administrativos se redujeron al 6.8%. ¿Qué explicación puede dar el gobierno de Ortega para llevar los gastos administrativos del INSS a niveles comparables a los desmanes del gobierno de Alemán?

Una explicación transparente de ese brutal incremento en los gastos administrativos del INSS ayudaría a tomar decisiones que permitan su reducción, y así, por tanto, disminuir la presión sobre otras medidas, como por ejemplo el incremento del porcentaje de cotización de empleadores y empleados.

No pocas sorpresas nos llevaremos también al conocer porqué se han incrementado tanto los gastos administrativos del INSS, pero, y valga la redundancia, mejor corrección a tiempo que lamentación tardía.

No es tema solamente de asegurados

Para la inmensa mayoría de nicaragüenses que no están asegurados al INSS el debate sobre su reforma puede resultarles algo ajeno.

Pues no lo es. Entre las propuestas del gobierno está que  asumirá el pago de la deuda de casi 600 millones de dólares, sin meter intereses, que el Estado tiene con el INSS. Y fíjense, usamos el concepto de deuda del Estado, porque en verdad esta deuda se viene acumulando desde el gobierno los Somoza, y no solamente del gobierno de Ortega de los 80 y de ahora.

¿De dónde tomará el Estado los recursos para pagar la deuda al INSS? Pues bien, de los impuestos que todos pagamos. Cuando alguien compre un paquete de cigarrillos, o una cerveza, o un galón de diesel, o una candela, por poner unos ejemplos, algo estará aportando al pago de esa deuda, esté o no asegurado.

Y cuando el camino de penetración rural descompuesto no se repare, como tampoco se repare el techo de la escuela, o los hoyos de las calles no se rellenen, y en el hospital público no haya medicinas, porque el Ministerio respectivo carece de los recursos para hacerlo, es porque se está pagando esa deuda al INSS.

Pero hay otro ángulo que nos importa a todos. Con la propuesta del gobierno, al incrementarse el porcentaje de la cuota de los empleadores, será más costoso para los inversionistas crear empleos, de modo que mientras menor sea al incremento en los porcentajes de cotización de empleadores y empleados, mayor posibilidad de creación de empleos.

Y la creación de empleos nos importa a todos.

En verdad, la propuesta de reforma del INSS del gobierno de Ortega ni es socialista, ni es cristiana, ni es solidaria, porque es parcial, inequitativa, encubre ineficiencias y, mientras no rindan cuentas de las inversiones y los gastos administrativos, ampara presumible corrupción que pagamos todos y de la cual se benefician pocos. 

No a la violencia, venga de donde venga

Con motivo del vigésimo aniversario del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro, hace ya quince años, escribí un libro titulado “Pedro Joaquín: ¡juega!”

Era un perfil biográfico construido sobre el telón de fondo de nuestra historia llena de enconos y violencia, y nuestra incapacidad de construir una vida social y política basada en las leyes, la tolerancia y respeto a las divergencias. El libro fue escrito en 1997 y presentado en enero de 1998. No había transcurrido una década desde el fin de la guerra civil de los 80, pero lo escribí bajo el aliento de los nuevos vientos de paz y concordia que soplaban. Pensé que un ciclo histórico bárbaro estaba cerrado.

Comento lo anterior porque se ha conocido del asesinato atroz del Secretario Político del FSLN, en una comunidad cercana a Wiwilí, Jinotega. Y aunque al momento de escribir este comentario las fuentes oficiales no han confirmado la causa de semejante crimen, debo decir que todo acto de violencia, venga de donde venga, de causa común o causa política, no es aceptable, nos retrocede a todos, y siento que lamentablemente estamos retrocediendo, y hoy no escribiría el libro mencionado con la misma ilusión que entonces lo escribí.

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