Tags

, , , , , , , , , ,

muñequito

El hombre que marca el rumbo

El tema del canal interoceánico es demasiado importante y serio, para el presente y futuro de Nicaragua, y, sin embargo, como ya lo comentamos en una ocasión, está siendo tratado con poca seriedad.

Es importante para el presente porque las autoridades del gobierno de Ortega se han encargado de crear grandes expectativas en la población, especialmente en los sectores pobres, que son la inmensa mayoría, a quienes se les presenta el proyecto como la solución mágica de sus problemas. También tiene importancia actual porque se ha creado, al menos, incertidumbre entre los propietarios de tierras de la eventual ruta canalera. Y es, desde luego, importante para el futuro del país pues de llegar a materializarse podría ser una palanca muy importante para impulsar el desarrollo nacional.

El empresario chino, beneficiario de la generosa concesión canalera de Ortega, se encargó esta semana de agregar dudas sobre la credibilidad del proyecto, en declaraciones que dio  al importante diario británico The Telegraph. Bastaría decir que es poco serio que haya dicho que ya está definida la ruta del canal, cuando los estudios de factibilidad del mismo están lejos de ser concluidos. Pero voy a transcribir y comentar algunas de las otras  desproporcionadas  declaraciones de Wang Jing.

Textualmente dijo: “Estoy ciento por ciento seguro de que la construcción comenzará en diciembre de 2014 y terminará en cinco años, en el 2019”. Uno se pone a pensar que si la ampliación del canal de Panamá, que es una obra modesta en comparación con el canal por Nicaragua, tomará 8 años, ¿cómo el canal por Nicaragua se construirá en 5 años?

Wang también dijo que ya tenía cinco mil personas trabajando en los estudios de factibilidad. Además de que esa es una cantidad desproporcionada de gente para realizar estudios, ¿dónde están esas cinco mil personas? Cuando hace pocas semanas el periódico South China Morning Post, entrevistó al australiano Bill Wild, nombrado por Wang como el principal asesor del proyecto, dijo que Wild, “hablando en la aparentemente desierta, pero vasta oficina en el centro de Hong Kong” indicó que la compañía tenía media docena de empleados en esa ciudad, y que “otra docena está viniendo en la próxima semana”. Bueno, para de ahí llegar a cinco mil, porque en Nicaragua ni siquiera han abierto oficina, se requiere mucha, muchísima imaginación.

Como mucha imaginación se requiere para decir, como arrogantemente dijo Wang en la entrevista con The Telegraph, “soy el hombre que marca el rumbo”. ¿El rumbo de quién? Si de Nicaragua se trata, en parte tiene razón, porque está apalancado en el poder de Ortega, que cada vez más maneja el país como su propia finca. Pero como su expresión  -“soy el hombre que marca el rumbo”-  no solamente se refería a Nicaragua, no se puede dejar de pensar que el empresario chino podría estar rayando en el delirio.

Así que, en esta ocasión, estaremos de acuerdo con el Asesor Económico y Financiero de la Presidencia de Nicaragua quién dijo que “va veloz el chino”. Velocísimo.

Poner los hechos dónde están las palabras

Decíamos antes que el canal es importante para el futuro de Nicaragua pues de llegar a materializarse, y materializarse bien, podría ser una palanca muy importante para impulsar el desarrollo nacional. Pero obviamente, el canal no resolverá todos los problemas de nuestro desarrollo.

Frente a las expectativas desproporcionadas que su propio gobierno provocó al principio  -el Ministro de la Presidencia llegó a decir que en poco tiempo se crearían más de un millón de empleos formales-Ortega, bien aconsejado, se ha encargado en sus dos últimas comparecencias públicas sobre el canal, en el discurso del 19 de julio y en entrevista a la cadena de televisión rusa RT, de moderar esas expectativas.

Hace bien Ortega al decir que el Canal no resolverá todos nuestros problemas, y que se debe prestar atención a los otros aspectos del desarrollo, como la agricultura, agroindustria, la productividad y la educación, entre algunos que mencionó.

Está bien lo que dijo Ortega, pero no está bien lo que hace. ¿Qué política gubernamental de fomento hay para impulsar cambios en la productividad agrícola? ¿O la ganadera? ¿Qué ha hecho el gobierno para apoyar a los productores cafetaleros frente al ataque de la Roya, que no sea darse por enterado del problema y tan solo ocho meses después que reventó la plaga? ¿Por qué no baja la tarifa eléctrica para que haya más riego, y más refrigeración de los lácteos en el monte, y por tanto más productividad agropecuaria? ¿Por qué no se despolitiza la educación y se mejora su calidad? Esas son solamente algunas preguntas que revelan que los hechos no acompañan las bien aconsejadas palabras de Ortega. 

Ensanchando las fronteras de la tolerancia

Hace muchos años leí en la revista Mensaje, una influyente publicación de los jesuitas chilenos, que la tolerancia era comprender que el sol puede entrar a la casa por otra ventana que la que uno prefiere.

La reflexión se me vino a la mente cuando otro jesuita, el Papa Francisco, ha ensanchado las fronteras de la tolerancia frente a la diversidad, y acercado la Iglesia Católica al mundo moderno, como tantos analistas lo han señalado, cuando en el vuelo de regreso de Brasil a Roma dijo a los periodistas: “Si una persona es gay, busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”

Y todos lo sabemos pues lo enseña la historia: a mayor tolerancia, mejor este mundo para ser vivido.

Fichas, no personas

Mientras en el mundo el Papa Francisco ensancha las fronteras de la tolerancia, en Nicaragua Ortega las reduce.

El despojo de la diputación de Agustín Jarquín, como antes ocurrió con Xochilt Ocampo, y en su momento fueron defenestrados otros dirigentes sandinistas, revela que para Ortega no hay amigos, ni aliados, ni militantes, solamente fichas que se mueven al ritmo de sus ambiciones.

Waiver de la propiedad

Bienvenido el waiver o dispensa de la propiedad que extendió el gobierno de los Estados Unidos, porque por esa razón no se interrumpirán los flujos de financiamiento de los organismos multilaterales, lo que provocaría una verdadera crisis.

A diferencia de Ortega, que desde la oposición bloqueó y saboteó, no importándole el costo para el pueblo si de beneficiarse políticamente se trataba, nosotros no esperamos réditos políticos de las crisis que dañan al país. No es poca la diferencia.

Advertisements