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La información de un canal interoceánico por Nicaragua no es  nueva, pero ha sido actualizada por la noticia que el Presidente Ortega la revelara al Presidente Obama y pares centroamericanos en reunión reciente en Costa Rica. Eso le da visos de credibilidad, pero de inmediato se han alzado voces  sometiendo la noticia a la interrogante si se está ante una realidad o un delirio.

Ortega confirmó lo hablado con Obama en un reciente discurso en que comentó: “Presidente, le digo, nosotros vamos con el canal por Nicaragua, estamos trabajando con una empresa china, y claro que nos interesaría que inversionistas norteamericanos participen en este proyecto. Él escuchó”, concluyó.

Que un Presidente, aunque de facto, ante interlocutores tan importantes anuncie la noticia, abona su credibilidad.

Historia y geografía de Nicaragua abonan en la misma dirección. Está bien documentada la angustiosa búsqueda de los  conquistadores españoles del “Estrecho Dudoso”, que uniría ambos océanos, así como el constante asedio inglés durante el dominio español a la ruta que desde el Atlántico y través del Río San Juan conecta con el Lago de Nicaragua, al borde del Pacífico, hasta las intervenciones norteamericanas para asegurar esa ruta que con la tecnología de los siglos XVII, XIII y XIX era la más factible. Incluso Jeremías Bentham, uno de los más influyentes pensadores ingleses en el quiebre del siglo XVIII y XIX, considerado el padre de la escuela económica utilitaria, presentó al Parlamento Británico, en el cual tenía gran influencia, la “JUNCTIANA, una propuesta para el cruce entre los dos mares”, en la cual concluía que la ruta más factible era por Nicaragua.

Finalmente, y en la dirección de abonar a la realidad de la noticia, están las necesidades del comercio mundial, en especial la de  buques que no pueden pasar por Panamá, y la potencia financiera de China que sustenta sus necesidades geoeconómicas y geopolíticas.

Como todos los nicaragüenses, quisiera que el canal por Nicaragua sea factible, porque sería una palanca poderosa para impulsar el desarrollo del país, pero no son pocas las razones que cuestionan la realidad del anuncio.

En primer lugar, su factibilidad. El propio asesor ambientalista de Ortega, y principal científico nicaragüense, Jaime Incer, salió al paso del anuncio de Ortega diciendo: “Un estudio medianamente serio, descartaría su posibilidad”.

En segundo lugar, el Presidente de China, Xi Jinping, visitará pronto Costa Rica, Trinidad y Tobago, y México, y nadie ha mencionado el tema Nicaragua en la agenda de esa visita, y, para aumentar las dudas, desde China no se ha confirmado el anuncio de Ortega.

Temo que Ortega está aprovechando un rasgo esencial de la cultura política nicaragüense, según la cual hemos vivido apostando al premio mayor en la lotería. La racionalidad de la conducta individual de quien compra lotería semanalmente, con la expectativa del premio mayor, tiene sentido, pero no lo tiene en el caso de un gobierno y un país. El desarrollo de un país no es resultado de un casual premio mayor, sino del esfuerzo permanente, y en condiciones de creciente productividad, de todos sus agentes económicos, grandes,  medianos, pequeños y chiquitos. Y el papel de un buen gobierno, es crear condiciones  -con inversiones en educación, salud, infraestructura, y confianza política y seguridad jurídica-   para que el esfuerzo de trabajadores y empresarios sea cada vez más eficiente. Todo lo contrario del gobierno de Ortega.

Ese gobierno, que sigue sin resolver el problema del agua potable de dos tercios de nicaragüenses, cada vez que necesita recurre a esas soluciones de la Providencia o de la suerte.

En una ocasión Ortega anunció se reanudaría la demanda por 18 mil millones de dólares a los Estados Unidos, por los daños causados en la guerra civil de los años 80, y que con eso todos  saldríamos de la pobreza; en otra anunció con Chávez, compartiendo a capela el micrófono, la megarefinería “El Supremo Sueño de Bolívar”, de la cual solamente se colocó la primera piedra; otra vez habló de producir un algodón cuyas motas ya vendrían con el color de los  jeans con que se elaborarían; varias veces anunció un puerto de aguas profundas en el Caribe, en una ocasión con una empresa coreana que resultó solamente tenía dirección de internet. Y repetidamente, desde luego, el canal interoceánico.

Pero no hay tal delirio. Es parte de una línea comunicacional sistemática, que sustituye la solución de los problemas concretos de los nicaragüenses con la droga del premio mayor. Con el reciente anuncio del canal, Ortega dijo que se acabaría la pobreza, y que incluso habría empleo para todos los centroamericanos. Es, en definitiva, una forma de drogadicción social.

El País 29 de Mayo 2013. Edición Impresa.

El País 29 de Mayo 2013. Edición Impresa.

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