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El pulso

“Saber que se puede, querer que se pueda” (Color Esperanza, Diego Torres)

 

¿Economía de mercado o capitalismo de amigotes?

La confusión de intereses entre el Estado y empresas  podría estar entrando en una fase extremadamente peligrosa, si se confirma la especulación que detrás de la compra de Gas Natural están los intereses de círculos gobernantes amparados en Albanisa.

Esto nos lleva a la crucial pregunta de que si lo que queremos, y que por cierto Nicaragua necesita, es una economía de mercado abierta, competitiva, con regulaciones técnicas y neutrales en términos de intereses políticos o de grupos de interés, o un capitalismo de amigotes (crony capitalism, en inglés), en que el éxito de las empresas no depende de la innovación, la competencia, la productividad, el riesgo de la inversión, sino del favor político.

Nicaragua está entre las sociedades latinoamericanas en que el consenso en torno a la economía de mercado es más amplio. Salvo opiniones de algunas personas afines al gobierno que escriben transpirando rechazo a la misma bajo el enunciado de “capitalismo salvaje”, no se encuentran, como en otros países, fuerzas sociales o políticas que rechacen la economía de mercado. De hecho, un subproducto positivo de la dolorosa confrontación política-ideológica de los años 80 fue la gestación de un amplio consenso en torno a la democracia, la economía de mercado y la apertura comercial internacional. Son inseparables.

Pero el fundamento de la eficiencia de una economía de mercado está en la competencia, que conduce a que los empresarios inviertan e innoven, y así se amplían las bases de la producción, la productividad, el empleo y el crecimiento. Esto supone la existencia de un Estado de Derecho y un gobierno lo más neutral posible en cuanto a los intereses de las empresas, y que por tanto las decisiones gubernamentales se adoptan y los conflictos de interés se dirimen con apego a las leyes. Un Estado y un gobierno con esas características no existe en un sentido puro, pero entre más un país se acerca a ese objetivo, más eficiente es la economía de mercado, más riqueza se genera, más y mejores empleos se crean y, por tanto,  más sólida es la legitimidad política y social de la economía de mercado.

Lo contrario es cuando el éxito de las empresas y de los negocios depende del apalancamiento en el poder político. Entonces las decisiones administrativas y de política económica, así como la aplicación de las leyes, pasa a responder no a los intereses generales de la economía de mercado, del país y de toda la sociedad, sino de los intereses particulares de aquellos que siendo empresarios son los que a la vez toman las decisiones en el gobierno.

Albanisa ya está en la generación eléctrica. Si se confirma la especie que pasará a controlar la distribución, estaríamos ante varios riesgos. Las necesarias inversiones para ampliar y diversificar las fuentes de generación de energía eléctrica estarían en riesgo. Los inversionistas la pensarían más de una vez antes de arriesgarse a una competencia desleal. O pedirían tarifas y beneficios fiscales tan altos para compensar ese riesgo que los intereses de consumidores y productores terminarían afectados. A su vez, las pérdidas no técnicas en la distribución, como eufemísticamente se le llama al fraude, con seguridad aumentarían. De nuevo, tarifas más altas para compensar esas pérdidas. Finalmente, por la integración vertical y horizontal de los intereses empresariales del grupo gobernante, cualquier empresa, en cualquier momento, se vería expuesta a “fallas” en el suministro de energía para incrementarle sus costos operacionales y  sacarla de la competencia. Por dónde se le vea, el país pierde, y dentro del país los más débiles.

Quizá el libro más importantes del año pasado,  titulado “Porqué los países fracasan”, de los profesores Daron Acemoglu y James Robinson, de MIT y Harvard respectivamente, advierte de los riesgos en que nuestro país está precisamente incurriendo.

Oponerse al capitalismo de amigotes, que es contrario a una verdadera economía de mercado, no es estar en contra del sector privado, como algunos, que ocultando intereses empresariales o aspiraciones políticas que prosperan al amparo del capitalismo de amigotes del Orteguismo, vituperan.

Si de evitar el fracaso de nuestro país se trata, esos vituperios no nos detendrán.

La atracción turística de Nicaragua

Influyentes publicaciones internacionales han colocado a Nicaragua en la ruta de los atractivos turísticos recomendados, fundamentalmente por sus bellezas naturales y encomiables esfuerzos ecológicos, y su seguridad. La reciente  inauguración del proyecto Guacalito, en las costas de Tola, Rivas, sin duda contribuirá a diversificar ese atractivo al dirigirse a otro nicho de mercado.

El turismo es la palanca más importante de redistribución de ingresos a nivel mundial y, en muchos países, a nivel nacional, es tan importante como la política fiscal. Además, si la oferta turística de un país es diversificada, apuntando a diferentes nichos del mercado, su encadenamiento productivo hacia el interior del país  -con el transporte, los servicios de hoteles y restaurantes, la construcción, los servicios personales, la producción artística, artesanal y agropecuaria, entre otras-  es enorme. De ahí su importancia para el crecimiento económico y la equidad.

El turismo se presta, de manera particular, para muy eficientes alianzas público-privadas.

Recientemente tuve oportunidad de conocer uno de esos esfuerzos que han captado el ojo de las mencionadas publicaciones. A finales del año pasado fui con la familia a escalar el macizo del Peñas Blancas, en el borde entre Jinotega y Matagalpa. Nos quedamos en un hospedaje ecológico, La Sombra, en Tuma-La Dalia, en que se combina la producción cafetalera con una oferta turística. Y después pude conocer el encomiable trabajo del Centro de Entendimiento con la Naturaleza (CEN), una iniciativa sin fines de lucro desde la sociedad civil, que se ha dado a la tarea de rescatar la flora y fauna del macizo.

En su emprendimiento, el CEN progresivamente ha venido construyendo una verdadera alianza público-privada a través de una red de municipalidades, productores y otras organizaciones y agencias estatales y privadas, en un notable ejercicio de verdadera participación ciudadana, que se han sumado al notable esfuerzo de rescatar el Peñas Blancas, del cual nacen más de una veintena de ríos.

Comento lo anterior, porque de regreso en el hospedaje vimos a extranjeros que antes de terminar el día, ya habían diseminado por internet y las redes sociales, seguramente a miles y miles de personas en diversas partes del mundo, imágenes y comentarios que retroalimentan el proceso que ha puesto a nuestro país en el mapa del turismo internacional.  En buena hora.

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